Sobre “El Cóndor” y secuestro de uruguayos

logobrechaDANIEL GATTI

“Uruguay ni dio la cara”

Jair Krischke quedó muy decepcionado por la ausencia uruguaya en las sesiones de la CIDH en Buenos Aires en mayo pasado. Amenazado por el Comando Barneix, visitó Montevideo sin que el Estado uruguayo tomara medida alguna para garantizar su seguridad. Dedicó toda una vida a luchar por los derechos humanos y cree que hay que seguir insistiendo en informar, en mantener viva la memoria.

JAIR KRISCHKE

A sus casi 80 años Jair Krischke es de esos tipos, de esas personas, a los que la muletilla “no necesita presentación” les debería calzar como un guante. Sin embargo sí la necesita, tal vez por lo que él mismo no se cansa de repetir: “En lo que tiene que ver con la lucha por los derechos humanos la memoria de la gente es siempre corta, y mejor decir una y otra vez las mismas cosas, que callar. Tenemos que darnos cuenta de una vez por todas de que una buena cantidad de jóvenes no saben lo que pasó en nuestros países hace no tanto tiempo, y que en cierta manera continúa pasando. Quizás no lo saben porque no se lo han enseñado, porque no se lo hemos mostrado bien, o porque prefieren prestar atención a otras cosas. Pero es un deber seguir insistiendo”.

Jair Krischke insiste desde hace muchos, muchos años. A fines de los setenta jugó en Brasil un papel cercano al que Belela Herrera cumplió en Chile un tiempito antes. Fue también quien descubrió dónde estaba escondido (en Santana do Livramento) uno de los mayores represores uruguayos, Manuel Cordero, luego extraditado a Buenos Aires. Y actuó en Chile, en Argentina, en Uruguay, en Paraguay. “El salvador de 2 mil vidas”, se lo llamó durante un homenaje que le realizó el Senado brasileño en 2011. Salvó a uruguayos, a argentinos, a chilenos.

A Montevideo, Krischke llegó nuevamente esta semana para presentar un libro que reconstruye una de las historias donde él tuvo un protagonismo central. Operación Cóndor. El secuestro de los uruguayos, del periodista Luiz Claudio Cunha, recuerda una de las pocas acciones del plan de cooperación entre las dictaduras conosureñas que “fue documentada mientras se estaba realizando, un delito flagrante cometido por militares y policías brasileños y uruguayos que, gracias a una buena investigación periodística y a las denuncias realizadas a nivel nacional e internacional, no derivó en el asesinato o la desaparición de las víctimas”, dijo Krischke a Brecha. Cu­nha, en la época periodista de la revista Veja, hizo la investigación periodística, y Jair, cofundador (hoy presidente) del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Rio Grande del Sur, las denuncias que permitieron que la detención, en noviembre de 1978 en Porto Alegre, de Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez, por entonces militantes del Pvp, y de los niños Camila y Francesco Casariego, hijos de Lilián, acabara siendo blanqueada.1 

SOLO.

En Montevideo Jair debía haber gozado de protección oficial. Cuatro meses atrás figuró en una lista de 13 personas amenazadas de muerte, vía email, por el llamado Comando General Pedro Barneix (véase Brecha, 17-II-17). Antes de venir a Uruguay el activista pidió una medida cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y las propias autoridades de Brasil exigieron que se le dieran “las máximas garantías de seguridad” en Montevideo, pero oficialmente desde acá no se le ofreció nada. “Es muy lamentable todo esto. El presidente Tabaré Vázquez no se ha pronunciado sobre las amenazas de este comando paramilitar. También fue decepcionante que no hubiera habido representación estatal uruguaya el mes pasado en las sesiones de la Cidh en Buenos Aires. Estuve allí, y ver la silla vacía del Estado uruguayo fue muy fuerte. Ni siquiera Estados Unidos lo hace cuando, por ejemplo, se trata el caso Guantánamo en alguna instancia. Sus representantes dicen cualquier cosa, pero van. Uruguay ni dio la cara.” También se queja Krischke de que no haya habido investigaciones sobre los integrantes del Comando Barneix. “Dudo mucho de que en el gobierno no sepan quiénes son estos tipos. Hasta un adolescente podría llegar a conocer de dónde salieron los correos electrónicos con las amenazas, si quiere averiguarlo. Es un problema de voluntad.” 

CONDORITOS.

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