Sacerdote desaparecido en la Argentina

En el año 2000, Jorge Bergoglio –papa Francisco desde 2013– pidió perdón en nombre de la iglesia católica por “no haber hecho lo suficiente”. En 2010 fue interrogado por la Justicia por haber desprotegido a dos de los suyos en la dictadura, cuando se desempeñaba como superior de la Orden de los Jesuitas.

El premio Nobel de la paz Adolfo Pérez Esquivel escribió que “es indiscutible que hubo complicidades de buena parte de la jerarquía eclesial en el genocidio perpetrado contra el pueblo argentino y, aunque muchos con exceso de prudencia hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, fueron pocos los pastores que con coraje y decisión asumieron nuestra lucha por los derechos humanos contra la dictadura militar. No considero que Jorge Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”.

Por su parte, Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres de Argentina, subrayó que “hubo un grupo muy pequeño de obispos claramente opuestos y críticos de la dictadura”. Entre ellos mencionó a dos compañeros de ruta del hermano Mauricio: Jaime de Nevares y Enrique Angelelli, que decían que la iglesia no podía ser indiferente ante el sufrimiento del pueblo.

Según Angelelli había que poner “un oído en el pueblo y otro en el Evangelio, para saber para dónde ir”. Una idea que compartía y hacía suya el hermano Mauricio en uno de sus escritos, en donde mencionaba que para eso había que vivir  “como uno de ellos, para ellos, buscando con ellos, para anunciarles a ellos”.

Teología de la liberación

Muchos de estos sacerdotes que se contraponían a las élites fueron perseguidos, secuestrados, torturados y asesinados, aun antes del golpe militar de 1976. El asesinato del sacerdote Carlos Mugica por parte de la Alianza Anticomunista Argentina, el 11 de mayo de 1974, en la puerta de la Parroquia de San Francisco Solano sería apenas el comienzo de una feroz represión a curas con ideas marxistas y revolucionarias. Mugica había fundado el movimiento de los “curas villeros”, y también fue pionero de la corriente católica Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Esta agrupación de religiosos creada en Argentina en 1967 fue inspirada en uno de los cuatro temas principales de la renovación de la iglesia surgidos en el Concilio Ecuménico Vaticano II, anunciado en enero de 1959 por el papa Juan XXIII: “adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo”. Idea que fue consolidada tras los documentos de la Conferencia Episcopal de Medellín, que también fue guía para otras ramas de la teología de la liberación.

Placa de la memoria colocada en memoria de Kleber Mauricio Silva, en la Parroquia San Juan Bautista, en Pocitos.

La principal controversia entre los teólogos de la liberación en Latinoamérica era si debían o no optar por la lucha armada y el uso de la violencia. Por un lado estaban los que eligieron las armas, como el colombiano Camilo Torres, revolucionario que inspiró a movimientos guerrilleros como Montoneros. Por otro lado, estaban los que se oponían, como el peruano Gustavo Gutiérrez y quien influenció a este en una lectura política del Evangelio, el italiano Arturo Paoli, que llegó a Argentina en 1959 y entendía la teología de la liberación como una transformación que se hacía desde la política, lo que significaba un acto material.

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