The Guardian: el plan Cóndor en América Latina

PLAN CÓNDOR

La conspiración de la guerra fría que aterrorizó a Sudamérica

5 Agosto 2020

Por Giles Tremlett

 

  • Durante las décadas de 1970 y 1980, ocho dictaduras militares respaldadas por Estados Unidos planearon conjuntamente el secuestro transfronterizo, la tortura, la violación y el asesinato de cientos de sus oponentes políticos. Ahora, algunos de los perpetradores finalmente se enfrentan a la justicia.

La última vez que Anatole Larrabeiti vio a sus padres tenía cuatro años. Era el 26 de septiembre de 1976, el día después de su cumpleaños. Recuerda el tiroteo, los destellos brillantes de los disparos y la vista de su padre tirado en el suelo, herido de muerte, afuera de su casa en un suburbio de Buenos Aires, Argentina, con su madre acostada a su lado. Luego Larrabeiti recuerda que la policía armada se lo llevó junto con su hermana Victoria Eva, de 18 meses.

Los dos niños se convirtieron en prisioneros. Al principio, los recluyeron en un sucio taller de reparación de automóviles que se había convertido en un centro clandestino de tortura. Eso fue en otra parte de Buenos Aires, la ciudad a la que se mudaron sus padres en junio de 1973, uniéndose a miles de militantes de izquierda y exguerrilleros que huían de un golpe militar en su país, Uruguay. Al mes siguiente, en octubre de 1976, Anatole y Victoria Eva fueron trasladados a Montevideo, la capital de Uruguay, y detenidos en el cuartel general de inteligencia militar. Unos días antes de Navidad, fueron trasladados a un tercer país, Chile, en un pequeño avión que se elevó por encima de los Andes. Larrabeiti recuerda haber contemplado los picos nevados desde el avión.

Los niños pequeños no suelen hacer viajes épicos por tres países en tantos meses sin sus padres o familiares. Lo más parecido que tenían a la familia era una carcelera conocida como tía Mónica. Probablemente fue la tía Mónica quien los abandonó en una gran plaza, la Plaza O’Higgins, en la ciudad portuaria chilena de Valparaíso, el 22 de diciembre de 1976. Los testigos recuerdan a dos niños pequeños y bien vestidos que salían de un automóvil negro con vidrios polarizados. Larrabeiti deambuló por la plaza, de la mano de su hermana, hasta que el dueño de un carrusel de un parque de entretenciones los vio. Los invitó a sentarse en los juegos, esperando que aparecieran algunos padres aterrorizados, buscando a sus hijos perdidos. Pero no vino nadie, así que llamó a la policía local.

Nadie podía entender cómo habían llegado hasta aquí los dos niños, cuyo acento los identificaba como extranjeros. Era como si hubieran caído del cielo. Anatole era demasiado joven para entender lo que había sucedido. ¿Cómo explica un niño de cuatro años que se encuentra en Chile que no sabe dónde está, que vive en Argentina, pero es realmente uruguayo? Todo lo que sabía era que estaba en un lugar extraño, donde la gente hablaba su idioma de una manera diferente.

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