Sanguinetti: clave de la otra Historia

cejas003“Desde un primer momento Sanguinetti quiso conceder la impunidad a los militares”

El dos veces presidente de la República es un actor clave para entender las luchas por la memoria política de lo que todavía se da en llamar el pasado reciente. Brecha conversó con el antropólogo Álvaro de Giorgi, autor del libro “Sanguinetti. La otra historia del pasado reciente”

alvarodigiorgi

—¿Cómo surge la idea de este libro?

—Yo trabajo las visiones sobre el pasado reciente y Sanguinetti era una figura que si bien estaba presente, no aparecía con un relato específico. Me interesó analizar la construcción de la memoria de este pasado, centrado en la figura de Sanguinetti, básicamente por estar muy invisibilizado en el sentido de constructor de un relato. Y además es un actor que está en todo el proceso, entre 1980 y 2012, que es donde enmarco el trabajo. Es un actor clave en todo sentido: por el protagonismo en este tiempo, su especificidad, y por la diversidad de medios con la que construye esta memoria: cuando está en el gobierno desde un ritual estatal; antes desde la prensa partidaria; también desde la oralidad, desde la escritura. Tiene variados recursos y también es original en ese sentido.

—Uno de los aciertos del libro es señalar que la teoría de los dos demonios es algo que Sanguinetti está elaborando desde mucho antes de que el término quedara asociado al presidente argentino Raúl Alfonsín.

—Hay un lugar común en el debate público de que eso es una importación argentina. Y yo veo que previo a los decretos de Alfonsín y al prólogo del Nunca más, que son los lugares emblemáticos del inicio de esa narrativa en este sentido común predominante, en muchos textos y discursos de Sanguinetti esto está muy presente, desde 1980 en adelante, intensificándose mucho en 1984. A mí me parece que en cierto sentido, estrictamente, lo que se denomina teoría de los dos demonios, estas dos figuras equiparadas e igualadas, está más en el discurso sanguinettista que en el prólogo del Nunca más, que es más crítico del terrorismo de Estado que de lo que se llama las prácticas de la “subversión” de los movimientos guerrilleros. Si uno hace una lectura desapasionada, no están equiparados. Sin embargo, sí lo están en los discursos de la campaña electoral de 1984, e incluso previo a eso, referidos a una escala más macro. Hay momentos en los ochenta en que es muy peculiar eso. Él escribía en El Día, tenía una proscripción, pero podía escribir sobre temas internacionales. Pero hablando de esos temas hablaba de la realidad interna del país y los dos grandes contraejemplos son Cuba y la Nicaragua de Somoza. Son los dos extremos: extrema izquierda y extrema derecha. Son los dos ejemplos de por qué América Latina pierde el rumbo y lo que hay que retomar es la democracia, el término medio, y equilibrar los extremos como una simetría cuasi perfecta es el núcleo duro de la teoría de los dos demonios. Que tampoco es monolítica, de una vez y para siempre; se va reajustando.

—Es muy maleable. Sanguinetti es muy crítico de los militares cuando se trancan las conversaciones del Parque Hotel; habla de la “subversión” de los militares. Pero después se enfoca en los tupamaros, prácticamente sin mencionar a la dictadura o a los militares.

—Si uno lo mira en la larga duración, el polo que va a dominar siempre es la crítica a las prácticas de la guerrilla, y muy coyunturalmente y en ocasiones, como cuando se quiebran las negociaciones del Parque Hotel, a los militares. En ese momento Sanguinetti dice que los militares derrotaron a la subversión e instalaron otra subversión. Es un término muy fuerte para endilgárselo a los militares. Pero son esas coyunturas puntuales. Después, en 1984 también, aparece claramente esa figura bifronte del mal, muy equilibrada. Pero ahí ya no tanto por los efectos de que se quebró la negociación, sino por el peso que tiene en el sentido común el rechazo antidictatorial. Para referir a ese otro que es la violencia guerrillera, el único modo que tiene, lo que permite el campo discursivo en ese momento, es equipararlo a ese mal, que ya está predominante en la esfera pública, que son los militares. En ese momento, el demonio es uno solo y es verde, entonces introduzcamos este otro, que están en el mismo plano. Después, cada vez más, ya empieza a ser mucho más desequilibrado. Hasta llegar a su libro, La agonía de la democracia, donde hay un solo demonio, que es la guerrilla.

—Usted señala en el libro que ese desequilibrio es para contrarrestar el relato de los tupamaros, que es más épico, más romántico.

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