Elena Quinteros, siempre PRESENTE!

 

 

Tratando de seguir con la recuperación de la Memoria, publicamos un artículo del periodista Roger Rodriguez, a Tota Quinteros, madre de Elena, aparecido en 1984, el cual fue uno de los primeros llamados para denunciar el secuestro y desaparición de la maestra.

“Lo que tiene que desaparecer es el método de la desaparición”

PRIMER ENTREVISTA A TOTA QUINTEROS (“LA VOZ”, 1984)

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El 28 de junio, se cumplieron 38 años de la desaparición de Elena Quinteros, la maestra secuestrada por militares y policías uruguayos dentro de los jardines de la embajada de Venezuela cuando a gritos pedía asilo. El incidente provocó entonces la ruptura de relaciones diplomáticas entre el gobierno de Carlos Andrés Pérez y los militares uruguayos, que dos semanas antes habían destituido al dictador Juan María Bordaberry. En forma provisoria había asumido el colorado Pedro Alberto Demicheli, a quien hicieron firmar dos inconstitucionales decretos: el Acto Institucional Nº 1 por el que se suspendía la convocatoria a elecciones (y recrudecía la represión) y el Acto Institucional Nº 2 por el que se nombraba un “Consejo de la Nación” (integrado por los 25 consejeros de Estado y los 24 miembros de la Junta de Oficiales Generales) con facultades para nombrar desde al Presidente de la República, al Consejo de Estado, la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo y la Corte Electoral. 

En ese escenario, el secuestro y desaparición de Elena Quinteros había quedado directamente relacionado con las operaciones que en el marco de la coordinación represiva del Plan Cóndor, realizaba en Buenos Aires la patota del Servicio de Información y Defensa (SID) y de la Oficina Coordinadora de Operaciones Antisubversivas (OCOA), que se había instalado en el centro de torturas Automotores Orletti, desde donde efectuaba secuestro extorsivos con la banda de Aníbal Gordon. Elena Quinteros seguía viva a principios de setiembre de aquel año (fue vista en el “300 Carlos”, centro de torturas instalado en el Servicio de Material y Armamento (SMA) de la Avenida de las Instrucciones, junto al Batallón 13 de Infantería. Es probable que el destino de Elena Quinteros fuera resuelto junto al de los otros militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que fueron ilegalmente trasladados a Montevideo en el llamado “segundo vuelo” de Orletti el 5 de octubre de aquel año…

Nada de esto se sabía hace 30 años, cuando pude publicar la primer entrevista en Uruguay a la madre de Elena, Tota Quinteros, quien en los ocho años desde la desaparición de su hija, se había convertido en un ícono de la lucha contra la dictadura uruguaya y de la defensa de los derechos humanos a nivel internacional. Entonces, todavía se alentaba la esperanza de que los desaparecidos estuvieran vivos. “Vivos los llevaron, vivos los queremos”, gritaban las pancartas. Conocí a Tota en aquellos agitados días de junio de 1984, cuando se sucedían las manifestaciones sociales, se había producido el regreso de Wilson Ferreira Alduante, desproscribían a dirigentes de grupos del Frente Amplio para iniciar las negociaciones del Club Naval y los vientos de democracia que soplaban desde Argentina, con el gobierno de Raúl Alfonsín, nos hacía creer que lograríamos la libertad, la democracia, la verdad y la justicia…

La entrevista a Tota Quinteros se publicó hace 30 años, en el segundo ejemplar de La Voz de la Mayoría, un día después que junto a Alexis Jano Ros quedamos presos en las celdas de seguridad de la Jefatura de Policía a la espera de la decisión del juez militar (seguramente algo incidió la publicación de esta nota que, además, iba acompañada por un resumen de la sentencia contra Uruguay que había difundido en esos días la Comisión de Derechos Humanos de la ONU) quien al día siguiente nos procesaba con prisión por “ataque a la fuerza moral de las Fuerzas Armadas en el grado de vilipendio”. Tota nos fue a visitar a la Cárcel Central y me regaló el libro “La muerte de Artemio Cruz” del mexicano Carlos Fuentes. Por aquella nota la Federación de Jornalistas Profesionales de San Pablo me otorgó aquel año una mención de honor del Premio Vladimir Herzog. Con los años, tuvimos una linda y cariñosa amistad con Tota, incluso compartimos tareas en el semanario “Compañero” cuya Secretaría de Redacción ejercí durante un tiempo. Tota falleció el 7 de enero de 2001, a los 82 años de edad, sin saber cuál fue el destino de su hija… Esa es una deuda que todos tenemos.

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