Como los EEUU terminó de financiar la dictadura uruguaya

 Cómo se terminó el apoyo económico

de Estados Unidos a la dictadura uruguaya

5 de septiembre de 2020 · 

Escribe Sarah B Snyder 

En 1976 la vida de Ed Koch, representante demócrata del estado de Nueva York, estuvo en peligro potencial debido a su campaña para cortar la asistencia militar de Estados Unidos al régimen represivo en Uruguay. Además de su olfato político, lo convencieron de enfrentar al gobierno dictatorial sus contactos con activistas por los derechos humanos y con un exiliado político uruguayo: Wilson Ferreira Aldunate. La historiadora estadounidense Sarah B Snyder investigó comunicaciones diplomáticas, repasó actas parlamentarias y recogió testimonios de esa historia clave para el fin de la dictadura uruguaya. Lo que ofrecemos aquí es una versión de su artículo “Ending our support for the dictators’: Ed Koch, Uruguay, and human rights”, publicado en la revista Cold War History.

Existió una red transnacional enfocada en poner fin al apoyo de Estados Unidos al gobierno de Montevideo. Conformada, principalmente, por el exiliado político Wilson Ferreira Aldunate y su hijo, por un ex misionero, por un joven académico, por Koch y por sus aliados en el Congreso, aseguró una victoria estrecha pero significativa en el campo de los derechos humanos al terminar con la asistencia en seguridad interna a Uruguay. Estaban motivados por una mayor atención del Congreso estadounidense a temas de asuntos exteriores, incluidos los derechos humanos, así como por una preocupación más amplia sobre el apoyo de Estados Unidos a regímenes represivos que tuvo lugar a fines de la década de 1960 y principios de la de 1970, y por conexiones transnacionales con personas directamente afectadas por la represión uruguaya.

Ese grupo informal capitalizó los éxitos de anteriores alianzas entre activistas de derechos humanos y miembros del Congreso; en esta investigación recojo los avances de Kathryn Sikkink, Lars Schoultz, William Michael Schmidli, Patrick William Kelly y Vanessa Walker sobre el lugar de los derechos humanos en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Estas obras han demostrado cómo los estadounidenses —inicialmente actores no estatales, diplomáticos, miembros del Congreso y en ocasiones funcionarios de alto nivel en la Casa Blanca y el Departamento de Estado— hicieron de los derechos humanos parte de la agenda diplomática interamericana. Sin embargo, todavía no fue explorada en profundidad la génesis o el rol del activismo en la aprobación de la Enmienda Koch, que puso fin a la asistencia militar estadounidense a Uruguay.

Utilizando registros oficiales en Estados Unidos y Uruguay, documentos personales de Koch y otros miembros clave del Congreso, así como archivos de organizaciones no gubernamentales esenciales, expongo cómo las conexiones transnacionales y la angustia por la abolición de la democracia en Uruguay obtuvieron un alto nivel de atención —y de acción— hacia las violaciones de los derechos humanos en un pequeño país que estaba fuera del radar para muchos estadounidenses.

El jefe de la estación de la CIA en Montevideo, Frederick Latrash, se enteró de una amenaza contra Koch en julio de 1976, pero aparentemente la descartó debido al consumo de alcohol por parte de los dos funcionarios uruguayos implicados, según cuenta John Dinges en Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur. Pero la percepción del peligro cambió después del 21 de setiembre de 1976, cuando un coche bomba mató en Washington a Orlando Letelier, ex embajador de Chile en Estados Unidos y asesor clave del ex presidente chileno Salvador Allende. A raíz del asesinato de Letelier, la amenaza contra Koch causó un pequeño y secreto terremoto dentro del gobierno de Estados Unidos. Según los registros del Departamento de Estado, el FBI compartió la noticia con Koch el 1º de octubre de 1976. Koch expresó su preocupación en una carta al fiscal general Edward Levi, que precipitó una solicitud de más información de la embajada de Estados Unidos en Montevideo con respecto a la “seriedad” del peligro.

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