En aquél mes de abril de 1972 (2)

LOS FUSILADOS DEL SECCIONAL 20 DEL PARTIDO COMUNISTA DEL URUGUAY

la20a.

Los fusilados

de abril 1972

Por Niko Schvarz (*)

En estos días vuelve el recuerdo imperioso de los ocho camaradas de la seccional 20ª del Partido Comunista del Uruguay (PCU) fusilados a mansalva en la madrugada del 17 de abril de 1972. Van a cumplirse 44 años, pero la memoria sigue viva.

Recuerdo los rostros y los nombres de cada uno de ellos, resguardados del olvido en la canción de Alfredo Zitarrosa: los obreros de la fábrica del vidrio Nervión y en particular a Luis Alberto Mendiola, que trabajaba en la imprenta y en la difusión de nuestro diario El Popular. Mi antigua compañera de estudios, la Dra. Ángela Tigero, logró visitar a uno de los que escapó de la masacre mientras estuvo internado en el Hospital Militar. Yo me encontraba en la sede del PCU en la calle Sierra 1720 cuando se realizaba el velatorio de los muertos, y allí llegó monseñor Carlos Parteli para orar ante sus féretros y luego mantener una recordada entrevista con Rodney Arismendi y la dirección partidaria, en que se evocaron las tradiciones bíblicas, como el Sermón de la Montaña.

Según una tradición renovada año tras año, el hecho será recordado el próximo sábado 18  con un acto en la esquina de Agraciada y Valentín Gómez, frente al local partidario, con oratoria a cargo de la senadora Mónica Xavier, presidenta del Frente Amplio, Lucía Topolansky, candidata a la intendencia de Montevideo, un representante de la Unión de la Juventud Comunista y Daniel Marsiglia por la dirección del PCU. A una cuadra del local, en Agraciada y Pedro Lozano, se encuentra una plazoleta que, por decisión de la Junta Departamental de Montevideo adoptada el 17 de mayo de 2001, fue bautizada con el nombre de ”Ocho mártires del seccional 20 del Partido Comunista Uruguayo”.

Todos estos hechos han quedado rigurosamente registrados a lo largo de estos años. Se destaca en particular el valiosísimo trabajo documental de Virginia Martínez, recogido en el libro del que tomo el título de esta nota: ”Los fusilados de abril. ¿Quién mató a los comunistas de la 20?”, editado en junio de 2002. El volumen se abre con la canción alusiva de Alfredo Zitarrosa, ”La canción quiere”, y se publican las fotos de los ocho fallecidos: Ruben Claudio López, Ricardo González, Raúl Gancio, Héctor Cervelli, Luis Alberto Mendiola, José R. Abreu, Justo Sena, Elman Fernández. (Tres salvaron su vida por milagro: José Machado, Ernesto Fernández y Enrique Rodríguez). Se incluye también la foto de quienes marcharon a la cabeza del entierro: Jaime Pérez, Enrique Erro, Rodney Arismendi, Juan José Crottogini, Líber Seregni, Arturo Baliñas, Juan Pablo Terra. Son 142 páginas más un amplio testimonio fotográfico.

Los párrafos iniciales de la obra son contundentes. Dicen así: ”La madrugada del 17 de abril de 1972 fuerzas del Ejército y la Policía asesinaron a ocho obreros. Sitiaron el local del Seccional 20 del Partido Comunista Uruguayo en la avenida Agraciada casi Valentín Gómez, en el Paso Molino, hicieron salir de allí a los militantes y los fusilaron. En el operativo también fue herido un capitán del Ejército que murió  dos años más tarde. Tres hombres sobrevivieron a la matanza.   El crimen se produjo un año antes del golpe de Estado (del 27 de junio de 1973) y tuvo una explicación oficial, la que dieron las Fuerzas Armadas en un comunicado de prensa (número 77). Aquella noche se asesinó a ocho trabajadores, a algunos se los dejó agonizar durante horas en la calle. Los obreros muertos pertenecían al Partido Comunista, un partido legal con 53 años de historia en el país, que tenía representación en el Parlamento y una fuerte influencia en la vida política, sindical y cultural uruguaya. Fueron asesinados en el local de su Partido”. Luego agrega: ”El senador blanco Wilson Ferreira Aldunate dijo al día siguiente de los hechos: ‘No creo que la historia del país registre tragedia mayor”’.

El relato de Wilson Ferreira sobre su reunión con Bordaberry Este fragmento del libro ha cobrado renovada actualidad a raíz de las informaciones que acaba de proporcionar Juan Raúl Ferreira, hijo de Wilson, sobre su particular vivencia de estos acontecimientos en compañía de su padre. Se trata de una nota difundida por uypress el 9 de abril, titulada ”¿Las fotos tienen alma?”, en la que señala que se acerca un nuevo aniversario del asesinato a sangre fría de 8 militantes comunistas en la 20 sección, y pone en contexto un antecedente revelador: que unos pocos días antes, el presidente de la Cámara de Representantes, Héctor Gutiérrez Ruiz (el ”Toba”, electo para el cargo por un acuerdo entre el Partido Nacional y el Frente Amplio) había evitado una masacre aún mayor en el local central del PCU en la entonces calle Sierra. Esto es rigurosamente cierto, y está narrado en el libro de Virginia Martínez, de la página 23 a la 31, bajo el subtítulo de ”Ensayo general”. Se estaba realizando una actividad central en el local, intervenía Jorge Mazzarovich (sustituyendo a Rodney Arismendi, retenido en el Parlamento) cuando irrumpen unas bandas armadas, disparando, obligan a todos los asistentes a tirarse al piso, ocupan el local y amenazan. La oportuna llegada de Gutiérrez Ruiz, presidente de la Cámara, impidió la masacre en ciernes. Luego, Juan Raúl Ferreira narra que el 17 de abril él estaba en su clase de Preparatorios cuando el rector, Padre José Aguerre, lo saca del salón porque lo había venido a buscar su padre. Éste le dice que lo había mandado llamar el presidente de la República, Juan María Bordaberry, y que deseaba que su hijo lo acompañara.

Sigue el relato de la reunión en la sede de la presidencia de la República, el antiguo Palacio Estévez, contiguo a la actual Torre Ejecutiva: ”Fue una reunión breve. Bordaberry hizo un frío relato de los detalles del asesinato. Cuando terminó, Wilson le preguntó: ‘¿Y el resto?’. Ante la incomprensión del interrogado, el viejo le dijo que faltaba la expresión de horror, la preocupación, el pedido de ayuda para investigar hasta las últimas consecuencias. La sensación de drama  y no de acta policial. No se podía entender, hablaban dos lenguas distintas”.

”Al salir del Palacio Estévez prosigue el relato- se había juntado mucha prensa. De allí nos fuimos a la 20 y solo recuerdo como postales de horror y de solidaridad. Muertos, gente desolada, Zelmar y el Toba, Wilson hablando en un aparte con Arismendi, toda la directiva del PCU y dirigentes blancos y del Frente Amplio que iban llegando de a poco. Al otro día todos estos hechos y aún los pasos seguidos por Wilson tuvieron mucha cobertura de prensa. El entonces diario Ahora publicó algunas fotos de nosotros saliendo de la interrumpida charla con quien iba a ser en unos meses más el primer presidente civil de un gobierno militar”. Juan Raúl formula emotivas consideraciones acerca de una de esas fotos, que le remitió su padre en oportunidad, y que luce la leyenda: ”No hay camino difícil, con un buen compañero. Un abrazo de tu padre, Londres, junio de 1976.”. En realidad, lo que tiene entre manos es el original de la foto, no un recorte de periódico. Juan Raúl reflexiona: ”¿Por qué esa foto que antes me causaba tristeza ahora era símbolo de fuerza, de energía, de entusiasmo para luchar? Es un tesoro maravilloso. ¿Será que la dedicatoria le puso alma a la foto? Quizá sea. Es uno de los misterios de la lucha, que permite transformar el dolor en esperanza”.

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