Para un prontuario de “El Cóndor”

Eso pasó en el puente que divide Nueva Palmira y Carmelo”. Véliz Galeano relató también que escuchó hablar de Tróccoli como la persona que estaba comandando un grupo que estaba haciendo ejercicios de supervivencia con el que él se cruzó durante un operativo de relevo de personal de la Armada en el invierno de 1975-1976. Véliz Galeano, delante de la Corte, negó tener datos acerca de restos de desaparecidos, algo que, según contó el abogado Galiani a la diaria, había afirmado en otras ocasiones.

Oscar Chiminelli fue detenido en noviembre de 1977 y llevado al Fusna. Después de días de tortura pasó a colaborar con los represores y fue llevado a la Computadora, donde conoció a otros prisioneros que trabajaban allí, como Gallo y Patrone. En el Fusna tuvo la ocasión de reconocer a algunos represores, como Juansolo, un tal Ricardo que después se enteró que era Zapata, un colaborador de Lacerbeau, Gustavo El Chiqui, además de personal de inteligencia del Ejército. A principio de 1978, según relató, llegó un listado con los nombres de más de diez personas, aunque él recuerda sólo los de Bosco, Dossetti, D’Elía y García, que tenían que ser agregados en la lista de los desaparecidos.

Wilson Falero fue detenido por primera vez en 1972, cuando todavía era menor de edad, y después en abril de 1978. “En 1978 yo había vuelto a Uruguay desde Argentina. Vivía en La Paz y me detuvieron para investigarme por un hurto que se había producido, pero que no tenía nada que ver conmigo. En la comisaría empezaron a deletrear mi nombre y desde la mesa de radio de comunicaciones dijeron que estaba requerido en Argentina y por lo tanto requerido por OCOA. A partir de ese momento cambió todo. Me sacaron la campera y la usaron como capucha; empezaron a golpearme y torturarme allí. Luego me trasladaron a Canelones, a un lugar de detención clandestina, y allí me torturaron, me golpearon, me dieron picana y me sometieron a interrogatorios.

Me preguntaban qué relación tenía con Ary Severo Barreto, a quien yo conocía desde hacía tiempo por haber militado juntos”. Falero dijo que le llamó la atención que en los interrogatorios los represores describían la casa donde vivía Ary. “Me interrogaban dos personas: el vicecomisario El Turco y un hombre muy joven, muy siniestro, El Charleta, que luego reconocí como Jorge Guldenzoph. Un día estaba en el baño y los dos entraron sin darse cuenta de que yo estaba allí, y los escuché decir que Ary Severo era un hombre duro, que no le sacaban nada a pesar de la tortura”. Falero habló también de un tercer personaje, un uruguayo al que llamaban El Pibe oEl Gurí, que viajaba a menudo a Buenos Aires; esa fue la misma persona que hizo pasar a Falero por simulacros de fusilamiento y que un día le dijo que había “hecho boleta al Negro Tatú [Ary Severo]”. Falero relató también que años después, en el centro de Montevideo, mientras trabajaba vendiendo diarios, vio a El Gurí paseando con su esposa y sus hijos, y que siempre le dio mucho terror encontrarse con esa persona, de la cual desconoce el nombre.

Nadia Angelucci desde Roma, Italia

 

 

 

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