Argentina: libro sobre preparativos de la represión

Página12/ 27/7/2016

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El libro, que publicará Editoral Sudamericana, es una investigación sobre las infiltraciones del Batallón 601 en las agrupaciones armadas en los meses previos al golpe de 1976. Aquí, un capítulo sobre los preparativos de la represión a gran escala.

El edificio ubicado en Viamonte y Callao no era una joya arquitectónica. Se trataba de una antigua construcción de nueve pisos con un ligero toque neoclásico. Sin embargo, a lo largo del tiempo había mutado hacia un estilo decididamente gótico, tal vez en virtud de la atmósfera ominosa que flotaba a su alrededor. Todas sus ventanas permanecían invariablemente cerradas con postigos metálicos pintados de verde oscuro; de ese mismo color eran las chapas blindadas que tapizaban el frente de la planta baja, al igual que el portón y la garita de la esquina. No había carteles ni placas que indicaran la verdadera naturaleza del lugar. Se sabía que en su sótano, diecinueve años antes, había estado secuestrado el féretro que contenía los restos de Evita. Y se daban por ciertas otras historias no menos truculentas. Era el cuartel general del Servicio de Informaciones del Ejército (SIE), también conocido como Batallón 601 de Inteligencia.

En la mañana del viernes 17 de octubre de 1975, el canillita del kiosco de enfrente advirtió la llegada de un Falcon gris con ventanillas polarizadas. Y con disimulo, clavó la mirada en ese punto. Un muchacho se le acercó para comprar El Gráfico, y él dio el vuelto sin sacar la vista del vehículo; luego vendió un ejemplar de La Opinión observando de soslayo cómo uno de sus ocupantes bajaba de la cabina. Este lucía anteojos espejados y de una mano le colgaba un portafolio. Rápidamente se perdió tras el portón del edificio.

Sin despojarse de sus anteojos, a pesar de la tenue luz del recibidor, el recién llegado sólo declamó un apellido y su condición de capitán. Ratificó ambos datos con una credencial. Un guardia comparó la foto con su rostro, antes de efectuar una anotación en el cuaderno de ingresos.

El visitante, entonces, explicó la razón de su presencia: -Traigo un sobre para el coronel Valín. -Déjelo acá. Nosotros se lo haremos llegar. Pero el otro meneó la cabeza. -De ninguna manera. Vengo de parte del general Videla y tengo órdenes de entregar esto en mano, ¿entiende?

El guardia entendió. Y más aún al advertir en la encomienda un enorme sello en el que, simplemente, decía: “Estrictamente reservado”.

Pero no llegó a exteriorizar su comprensión al respecto, porque el capitán ya se había largado hacia uno de los ascensores ubicados a la derecha del hall. Conocía el camino.

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