A la luz de documentos desclasificados de Argentina

Jorge Majfud/Rebelión

Los primeros documentos desclasificados comienzan a ver la luz. Según los informes de Robert Pastor, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos de la época, en la Argentina de 1978 había 15 mil desaparecidos y continuaban desapareciendo a un ritmo de 40 por mes, al tiempo que el general Rafael Videla, aseguraba que en el país no quedaban más de 400 terroristas.

barbarie

Los primeros documentos desclasificados anunciados en marzo de este año por el presidente Obama en su última visita a Argentina, comienzan a ver la luz. Por supuesto que las primeras mil páginas se refieren al período que va de 1977 a 1980, es decir, aquellos documentos producidos mayormente durante la presidentica de Jimmy Carter, el presidente estadunidense más humanitario, menos agresivo y menos hipócrita del período de las dictaduras latinoamericanas. En Argentina se llamó “Guerra Sucia”, como si los 25.000 torturados y desaparecidos hubiesen integrado una facción armada. El nombre correcto es “Terrorismo de Estado”, que es la peor forma de terrorismo, si consideramos que su objetivo es la manipulación moral e ideológica de todo un país, y que en dicho caso las víctimas directas no tienen opción alguna de acudir ni a la policía ni a ningún tribunal del Estado, no tienen opción alguna ni de protección ni de reparo por las acciones criminales perpetradas con todo los recursos bélicos, económicos e institucionales financiados compulsivamente por una sociedad, ni tienen opción siquiera de reparo moral a través de la verdad, ya que no de la justicia.

La idea de “Guerra sucia” o teoría de “Los dos demonios” se basó en el argumento de que los golpes militares (salvadores de la patria, la libertad y la democracia y los derechos humanos), fueron provocados por los actos terroristas de grupos armados como los Montoneros, por lo cual, bajo dicho argumento, no se entiende cómo en Estados Unidos no se apoyó un golpe de Estado luego del bombardeo de Oklahoma en 1995 por parte de un grupo de fanáticos de extrema derecha en el cual perecieron 168 personas. Por mencionar un solo caso.

La eterna excusa que aún se repite hoy ignora absolutamente todos los golpes de Estados que se llevaron a cabo en América latina desde generaciones anteriores. En los golpes de última generación, como el de Guatemala en 1954, se comenzó a usar la nueva excusa, por entonces, de “la amenaza comunista”, cuando ha quedado harto probado por documentos desclasificados durante los años 90, que la motivación fueron los meros intereses económicos de la United Fruit Company y el miedo al mal precedente de que un presidente democrático intentara devolver su país a sus ciudadanos. Y un largo etcétera.

El más infantil de los argumentos en favor de los golpes militares todavía reza, con voz reumática y mirada senil, “yo sé lo que digo porque lo viví”, como si haber vivido en una sociedad fuese suficiente para saber lo que estaba ocurriendo en ella; como si dos personas que vivieron los mismos hechos no fueran capaces de entender esos hechos de forma radicalmente diferente.

En las primeras mil páginas de los últimos documentos desclasificados se pueden leer los informes de Robert Pastor, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos de la época, según el cual en la Argentina de 1978 habían 15.000 desaparecidos y continuaban desapareciendo a un ritmo de 40 por mes, al tiempo que el devoto hombre de fe y padre de familia, el General Rafael Videla, aseguraba que en el país no quedaban más de 400 terroristas aunque desconocía el paradero de los desaparecidos, porque por algo eran “desaparecidos”.

Excepto en algunos casos. Según el gobierno argentino, de las 3.500 personas que continuaban en prisión en 1977, para complacer al gobierno de Estados Unidos se estaban estudiando los casos de Jacobo Timerman, Guillermo Vogler y la familia Deutch. Según el congresista por California Waxman, “Deutch no es un hombre político, pero es judío” (Memorando de David Aaron del 6 de setiembre de 1977). El 11 de octubre, y de regreso de Washington, el presidente Videla responde a las alegaciones de secuestro de la familia Deutch informando que tanto Daniel Deutch como su esposa habían abandonado el país, los acusa de ser miembros del Partido Comunista Revolucionario y acusa a su padre, Alejandro, de haber encubierto a sus hijos, por lo cual se encontraba en interrogatorios, es decir, en sesiones de tortura.

Pero hubo casos menos atendidos y más crueles. Miles, varios miles.

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