10 años de los “residentes” de Domingo Arena

Se jubilan con 20 años de servicio, incluyendo los años de estudio y además no cobran en función del sueldo promedio de los últimos años, como todos nosotros, sino con el sueldo del grado inmediatamente superior al que lograron detentar.

El jubilado común, si vuelve a trabajar, pierde el derecho a la jubilación, pero no los militares, que además consiguen normalmente trabajos en empresas vinculadas con la función que realizaban, empresas que precisan, para sobrevivir, como todos nosotros, de vínculos. Tal es el caso de Air Class. Pero sigamos.

Los privilegios de los militares son: una escuela propia, una justicia propia, un hospital propio. Tienen, al menos los oficiales, un lugar aparte en el Cementerio Central y su entierro no se realiza de cualquier manera sino con cierta pompa. Pueden transitar armados. Se visten con un uniforme que los distingue del resto.

Heredamos ciertos estamentos de ese pasado medieval tan defenestrado, como las Universidades y la Iglesia. Podríamos decir que nuestra República no heredó la aristocracia medieval, sin embargo esa aristocracia está representada por una casta que conoce de gradaciones, hospitales, escuelas y justicia propias, que puede portar armas (como los aristócratas de antaño) que no trabajan y además, dado el caso de ser recluidos, son cuidados de manera especial por otros integrantes de su casta.

No me parece mal que estos señores disfruten de un frigobar y TV cable. No son los únicos reclusos que gozan de estos privilegios. Los grandes narcos, me aseguran, la pasan igual de mal. Lo que preocupa es lo desparejo de su condición con el resto de los privados de libertad, que en todo caso cometieron delitos infinitamente menos graves. Pero no nos vayamos por las ramas.

Estábamos diciendo que nuestro expresidente goza de privilegios resultantes de ciertas circunstancias, las cuales, según los propios encargados de su custodia, están vinculados con una ligera demencia senil y para que nadie piense que me estoy burlando, cito al Director del Instituto Nacional de Rehabilitación “es una persona de mucha edad, tiene más de 80 años y un poco de demencia senil”.

Uno creería que estos presos mantienen entre sí algún trato igualitario o republicano, pero no es así. El que fue militar una vez lo será hasta la muerte. Entre ellos guardan el debido respeto por las gradaciones, de tal forma que un Teniente General da órdenes y aplica castigos a sus subordinados. ¿Allí dentro? Sí, allí dentro.

Resulta que para el resto de los reclusos las órdenes y los castigos aplicados por nuestro expresidente, que además, o sobre todo, fue un Teniente General, eran desproporcionadas o en todo caso ligeramente dementes y por ese motivo pidieron que los libraran del beneficio de su presencia y por una vez todos estuvieron de acuerdo, inclusive el expresidente y Teniente General, pues pidió (exigió) que lo enviaran a otro sitio pues no podía resistir las insubordinaciones de sus subordinados.

Esta orden de un superior no pudo ser cumplida, mas se le construyeron, según el Ministro del Interior, “dos contenedores” en la otra punta del patio común.

CarcelDomingoArena

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