Ausencias: Memoria e Impunidad

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Edición uruguaya de Ausencias, que recrea fotos de desaparecidos en tiempos del Plan Cóndor

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Dos fotografías, a 30 años de distancia. Una surge de álbumes familiares en los que víctimas del terrorismo de Estado posan junto a familiares o amigos. La otra fue tomada por el argentino Gustavo Germano 30 años después, en el mismo lugar que la foto inicial, y registra la presencia de una ausencia. Este proyecto recrea, desde el presente, imágenes de los desaparecidos durante las dictaduras coordinadas por el Plan Cóndor, volviendo sobre las escenas domésticas compartidas antes del infierno. Tras la edición agentina (2006) y la brasileña (2012), Germano acaba de producir la uruguaya, que una vez más, mediante los vacíos en las fotos actuales, construye un documento espeluznante, un cross a la mandíbula que a la vez reivindica y sustenta una deuda pendiente.

“Por necesidad de visibilización, cuando se trabaja con los familiares y se hacen pancartas o carteles hemos tendido a recortar al desaparecido. Este proyecto se propone abrir el campo para indagar en el universo afectivo de las víctimas. Al abrir el cuadro, incorporamos un universo que incluye distintos tipos de vinculaciones. Hay que construir sobre eso para generar un relato que evidencie situaciones vitales”, explicó Germano a la diaria.

En el díptico que acompaña esta nota aparece él mismo, de niño, junto a sus tres hermanos: 37 años después, sólo dos de estos miran a la cámara. Eduardo desapareció hace tres décadas en Rosario, cuando integraba la guerrilla Montoneros. Aunque su familia no era de izquierda, él ya había comenzado a militar cuando cursaba segundo de liceo, y al año siguiente ya se había convertido en el presidente del Centro de Estudiantes. A los 18 años ya lo habían secuestrado.

Con 12 años, Gustavo ya se había vinculado a Familiares por la desaparición de su hermano, y diez años después comenzó a dedicarse a la fotografía. Hizo un viaje por América Latina, desde Argentina hasta Nicaragua, para conocer la revolución sandinista, “la única revolución que había en 1979”. En ese viaje llevaba una cámara compacta y, de a poco, todo lo que le interesaba de la sociología comenzó a canalizarlo y registrarlo a través del campo visual.

“Cuando volví empecé a estudiar comunicación social, y me fui inclinando hacia la imagen fija. A los 22 empecé a trabajar en revistas, y a los 32 se me ocurrió esta idea de hablar de la desaparición forzada por medio de la fotografía”, cuenta. “Hay una definición, que es la presencia de la ausencia, que es muy clásica de los familiares, porque es una ausencia muy presente. Y, en general, las madres, abuelas y familiares han hecho un uso de la fotografía del desaparecido que, de alguna manera, remarca su permanencia. Siempre está el tema de cómo utilizar las fotografías para darles visibilidad a las víctimas, y Ausencias surgió a partir de la búsqueda de cómo representar la desaparición forzada”. Su obsesión era poder contar la experiencia de lo abyecto sin redundar en explicaciones; provocar sensaciones y que la explicación llegara después, imponiéndose a las políticas del silencio y la desmemoria.

¿Cómo se posicionan estas imágenes frente a la memoria y la lucha contra la impunidad?

-Esto te acerca a la temática de los desaparecidos desde lo pequeño de lo cotidiano. Aporta en el hecho de generar empatía, no en los propios deudos, sino en aquellos a quienes les pueda generar empatía el hecho de ver imágenes, cuando ellos mismos pueden hacer un ejercicio similar: qué sucedería si tenés que volver a hacer una foto de tu familia. La fotografía de álbum familiar es muy cercana, y permite ese cruce. Creo que hay muchísimas cosas pendientes en torno a la verdad y la justicia: juicios, investigaciones, ensayos, y esto es una pata más dentro de ese esquema.

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