Quien dirigía “el espionaje militar”

brechaEl diario de “Guillermo”

Durante los años clave de 1988-1991, el espionaje militar a la sociedad civil y a las organizaciones políticas estuvo en manos de un oficial acusado de asesinatos y desapariciones, que impulsó en democracia los mismos criterios de la dictadura. A continuación el legajo personal de Eduardo Ferro.

Por SAMUEL BLIXEN

El Coronel (retirado) Eduardo Ferro, llegando al acto de asuncion del nuevo Comandante del Ejército Nacional, Jorge Rosales, en el Comando del Ejército 30 de octubre de 2006 Montevideo - Uruguay

El coronel Eduardo Ferro fue el responsable del espionaje militar a partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales entre 1988 y 1991, que investiga una Comisión de la Cámara de Diputados (véase recuadro). El período comprende la documentación de la Dirección General de Información de Defensa (Dgid) revelada por Brecha en sucesivas publicaciones desde diciembre del año pasado1 y que confirma que los aparatos de inteligencia militar cometían diversos delitos (allanamientos, chantajes, infiltración de espías, escuchas telefónicas) en el despliegue de una actividad sistemática y generalizada de espionaje cuyos fundamentos y objetivos nunca fueron explicitados.

La designación de Ferro como jefe del Departamento III (Operaciones) de la Dgid está consignada en su legajo personal, documento oficial de la Comisión Calificadora del Personal Superior de las Armas del Ejército que Brecha obtuvo de fuentes judiciales. El legajo incluye –además de las calificaciones y anotaciones desde su comienzo como cadete hasta su retiro como coronel– las deliberaciones y decisiones de un tribunal especial de honor, instalado a partir de las sospechas del coronel Ferro, que atribuía al coronel Carlos Silva –actual presidente del Centro Militar– un operativo de filtración de información militar al diario La República. Sugestivamente, en el expediente que recoge las actas y las conclusiones del tribunal (y que está incorporado al legajo personal) se incluye un documento atribuido a un grupo de oficiales retirados de inteligencia en el que se identifica, con nombre y apellido, a los autores de una serie de atentados con explosivos ocurridos entre enero de 1991 y diciembre de 1993 (véase nota aparte).

En la documentación sobre los informes de los espías de la Dgid en poder de Brecha aparecen reiteradamente las órdenes y observaciones de un oficial, “Guillermo”, coordinador de los “manipuladores” que atendían directamente a los “agentes”. Las profusas denuncias judiciales contra el coronel Ferro coinciden en atribuirle el alias de “Guillermo”; por tanto, sabiendo ahora que Ferro fue el jefe del Departamento III de la Dgid, es lícito inferir que se trata de la misma persona que ordenaba los espionajes y controlaba a los oficiales “manipuladores”.

Ferro está acusado, entre otros delitos, de la desaparición y asesinato del dirigente comunista Fernando Miranda; de participar en la desaparición de María Claudia García de Gelman (madre de la actual diputada Macarena Gelman); del secuestro en Brasil de los refugiados Universindo Rodríguez y Lilián Celiberti; y del interrogatorio, tortura y desaparición de Andrés Bellizzi y Jorge Gonçalvez, en el centro clandestino de detención Club Atlético en Argentina. Ferro nunca fue procesado por ninguna de las acusaciones contenidas en los expedientes judiciales.

PRONTUARIO.

El legajo de Ferro, oficial de Ingenieros, anota la realización de diversas comisiones para actuar en el marco del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (Ocoa): en 1977 figura como instructor de la Escuela de Inteligencia. Como capitán es designado jefe de operaciones de la Compañía de Contrainformación. En 1978 el mayor Carlos Rossel consignaba en su libreta de anotaciones personales: “la unidad cumple una operación de características muy complejas y que determina la utilización de sus mayores medios debiendo desplegar este oficial (Ferro) una actividad sin pausa por más de 30 días. La gran tenacidad puesta de manifiesto es un factor fundamental para que la operación culmine con éxito”. Más adelante, el mayor José Bazzani, jefe de la Compañía de Contrainformación, establecía que “la detallada forma en que (Ferro) realiza un trabajo permite llegar a delimitar una situación delicada en los campos de la seguridad, económico y del desarrollo y que tiene repercusiones con un país limítrofe”. Las libretas personales de sus superiores reiteran juicios sobre Ferro en “operaciones confidenciales cuyas características demandan condiciones muy especiales”. Se desconoce el tenor y los objetivos de esas “operaciones confidenciales”, que coinciden en el tiempo con sucesos denunciados ante la justicia.

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