Y ahora con Zuluaga, que?

  Otras canchas

La condena social y el desplazamiento de Miguel Zuluaga fuera de la selección.

Betania Núñez

La condena social surge espontánea u organizadamente, y se potencia ante una justicia que se demora en llegar. Después del negacionismo y el silencio, los últimos años de los noventa y los primeros de los dos mil trajeron formas de condena social que se replicaron en el reclamo de Un gol a la Impunidad.

La condena social ya se había alcanzado, pero se logró algo más. La que arrancó la movida fue Rebeldía Organizada, una outsider en la batalla histórica por la defensa de los derechos humanos que, sin embargo, tuvo la facilidad de palabra de quien maneja la jerga propia del deporte.

Si se lo mira en retrospectiva, parecía poco probable que el Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (Auf) fuera a resolver antes del Mundial de Rusia la salida del ahora ex jefe de seguridad Miguel Zuluaga. Tal como fue descripto a las organizaciones desde la Auf, era concebido como una especie de tío bueno, una figura cercana al maestro Óscar Tabárez y muchos de los jugadores que, más allá de la seguridad, resolvía las pequeñas cosas de la cotidianidad de la selección desde hacía 18 años. Pero el viernes el ejecutivo le comunicó que no se lo convocaría al Mundial. Según supo Brecha, tanto Zuluaga como su abogado aceptaron la decisión.

En el medio de la campaña Gol a la Impunidad algo pasó. Hay algunos que dicen que nunca se había logrado la adhesión de tantas organizaciones en una causa similar. Hay quienes aseguran que fue la contundencia de las pruebas exhibidas durante la reunión del 24 de abril lo que transformó las caras de los ejecutivos de la Auf. Están también los que hablan de la estrategia de Rebeldía Organizada y cómo se plantó –desde el afecto por el fútbol y la selección–, al reclamar la salida del ex subcomisario que trabajó en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (Dnii) mientras la dictadura detenía y torturaba, según los testimonios de ex presos y documentos difundidos por este semanario (véase “Dos caras”, en la edición del 13-IV-18).

En su legajo, además, consta que Zuluaga ingresó a la Dnii en 1969, pasó por diferentes dependencias –entre ellas el Servicio de Seguridad Presidencial durante algunos meses del gobierno de Luis Alberto Lacalle– y se retiró en 2008 como comisario inspector, según se indicó a este semanario desde el Ministerio del Interior ante un pedido de acceso a la información pública.

“Queríamos que no fuera al Mundial, queríamos que fuera destituido, pero no sabíamos la resonancia que esto iba a tener. Muchos de nosotros frecuentamos el fútbol, somos de la hinchada de Peñarol, algunos son de Nacional. Es posible que hubiese sido distinto con gente de afuera (como cuando la Mesa Permanente contra la Impunidad reclamó la salida de Zuluaga) que con gente vinculada al fútbol. La selección parecía intocable, al principio algunos comentarios iban en ese sentido, pero el apoyo creció cuando presentamos la carta, y después de que lo retiraron se entendió que decíamos la verdad. Ahora es un buen momento para seguir”, adelantó a Brecha Richard Mariani, de Rebeldía Organizada, grupo que trabaja desde hace cinco años en Delta del Tigre, tiene militantes de 16 a veinte y pocos años y realiza trabajo social en el barrio.

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