Los médicos de la dictadura

Detenido en el tiempo

Los médicos militares en la dictadura y después.

Betania Núñez

4 octubre, 2019

Con el gesto que desenterró los expedientes de 81 médicos militares –acusados en los ochenta de ser autores o cómplices de la tortura– afloró también un viejo debate del Sindicato Médico del Uruguay: entre 1985 y 1988, la mayoría de los médicos agremiados resolvió que el ejercicio de la medicina y la carrera militar eran incompatibles. Hoy, aunque muchas cosas hayan cambiado, los médicos militares son casi tantos como a la salida de la dictadura.

Como un oxímoron, para el Sindicato Médico de los ochenta esas dos palabras, “médico” y “militar”, significaban cosas opuestas, porque el juramento hipocrático y la jerarquía militar eran interpretados como mandatos irreconciliables. Claro que, además, no era cualquier momento histórico. A la salida de la dictadura la cadena de mando respondía a unas Fuerzas Armadas que –todavía amenazantes– habían torturado, asesinado y desaparecido con la complicidad de un número nada despreciable de médicos.

“Merecen una condena genérica, porque formaron parte de un aparato de persecución, de saña, como nunca antes había visto el pueblo. Y eso es válido aunque muchas veces no los involucrara en la tortura, o en la vigilancia o simplemente porque, a veces, sin participar directamente en esos actos, examinaban a los presos encapuchados o en las condiciones que les fijaban, formando parte de un ejército que el pueblo uruguayo tenía claro que lo estaba persiguiendo, oprimiendo y ocupando”, argumentaba Marcos Carámbula hace 34 años, en ese momento secretario general del Sindicato Médico del Uruguay (Smu), con el correr de los años legislador, intendente, presidente de Asse.1

En esa asamblea del 16 de octubre de 1985 –realizada en el Palacio Sudamérica, de la que participaron más de mil médicos y estudiantes de medicina, que se extendió hasta las 3.33 de la madrugada– destacados dirigentes hablaron en términos semejantes a los de Carámbula. Aunque la postura no fuera unánime, no eran extrañas las palabras, el énfasis, las ideas. El pediatra Jorge Quian, ahora subsecretario del Ministerio de Salud Pública, dijo esa noche que no quería médicos militares en el Smu y que no podía “ser compatible la condición de docente con la de médico militar”. Para argumentar la necesidad de una pronta desmilitarización, Quian agregó: “Quiero médicos que trabajen en el servicio de sanidad de las Fuerzas Armadas y que respondan, primero, a la Universidad, y después a su sindicato médico”.

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Un comentario sobre «Los médicos de la dictadura»

  1. Muy interesante el artículo, ya que la ciencia al servicio bélico muestra una cara diferente e inhumana de lo que la ciencia debería ser por naturaleza mejorar y velar por ella y pos la humanidad.

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