Argentina: en el sitio de la Memoria

Museo Sitio de Memoria ESMA

Las formas de mirar el terror

La acción performática La escena imposible, dirigida por el artista visual polaco Wojtek Ziemilski en colaboración con Rubén Szchuchmacher,  fue exhibida este sábado.

Por Diego Fernández Romeral

02 de diciembre de 2019

Una proyección gigante se dispara sobre la pared. La ocupa por completo. El rostro de un hombre calvo de unos sesenta años se retuerce y mira al público desde esa pantalla de cemento. Es un primer plano en el que también pueden verse su traje pulcro, ajustado, y una corbata algo desalineada. Pero todo ocurre en la tensión que crece entre sus ojos celestes y su boca de dientes grandes y amarillos. Parece retener un vómito, un grito ahogado, un llanto reprimido hace demasiado tiempo. Se toma el cuello con las manos. Una risa torcida empieza a dibujarse en sus labios. Los ojos y la frente se hacen aún más grandes. Todos sus rasgos confluyen en una mueca deforme. Entonces se escucha el grito. El actor y dramaturgo Rubén Szuchmacher, que unos minutos atrás había entrado en escena y que ahora observa esa reproducción de su propio rostro, le grita al público: ¡“Miren, sigan mirando!”. Y todos los presentes vuelven a mirar, antes de que desaparezca, ese rostro inmenso a punto de romperse.

La presentación de la acción performática La escena imposible, dirigida por el dramaturgo y artista visual polaco Wojtek Ziemilski –en colaboración con Rubén Szchuchmacher–, que fue exhibida este sábado en el Museo Sitio de Memoria ESMA, parecía llegar en ese momento a su punto más complejo: a la pregunta de cómo se puede representar un dolor que ni siquiera se sabe si existe. La tarea de hacer visible el arrepentimiento y el perdón de un represor o de un “perpetrador” –en los términos propios de la obra–, cuando esos rasgos son desconocidos, dejaba la sensación por lo menos incómoda de estar frente a una incógnita tan dolorosa como ineludible.

“Lo que más me interesa es la idea de qué hacer con esa ambigüedad que se siente por alguien que hizo un mal y a su vez es un ser humano. Pero es una persona que no se corresponde con la definición de humanidad que tenemos”, explicaba Wojtek Ziemilski a Página 12 poco antes de que comenzara la obra. “Luego de ver muchos juicios, cuando se escucha lo que dicen los culpables es increíble. Para ellos no existe el mal que hicieron. No hay una reflexión, no hay autocrítica, no hay pensamiento afectivo. ¿Dónde está entonces la humanidad en esas personas? Porque es imposible un ser humano completamente vacío. Sobre esa idea quise trabajar, con muchos cuidados, ya que uno luego puede verse envuelto en una idea de reconciliación que no le es propia. Pero necesitamos sentir que vivimos entre hombres y no crear existencias que no son reales. Todo lo que ocurrió aquí fue hecho por seres humanos”.

Lo complejo de adentrarse en ese terreno quedó planteado desde el inicio. Por empezar, Szchuchmacher dijo a Página 12 antes de la obra: “Hasta esta experiencia, por tener una familia que fue víctima del trabajo de los perpetradores, nunca pude entrar a la ex ESMA. Fue muy movilizante”. Durante la presentación, Alejandra Naftal, la Directora Ejecutiva del Museo Sitio de Memoria ESMA, aseguró: “En este espacio donde desaparecieron cinco mil hombres y mujeres, estamos frente a un desafío. Esta visita es un riesgo que también nos habilita a repensarnos y ser mejores”.

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