Chile: la revuelta

Las grandes alamedas

Crónica de la revuelta en Chile.

Luis Thielemann Hernández

Nicolás Román

27 diciembre, 2019

Manifestante en la plaza Italia de Santiago en el quinto día de protestas callejeras 

Treinta años después de la vuelta a la democracia, el pueblo chileno se levantó contra el lastre económico y social heredado de la dictadura pinochetista y su transición. Celebrado como “modelo” por la derecha latinoamericana, el neoliberalismo trasandino, protegido por gobiernos conservadores y progresistas, consagró la desigualdad y el privilegio en casi todos los aspectos de la vida social. Al hartazgo popular, el gobierno de Sebastián Piñera ha enfrentado la prepotencia militar: estado de emergencia y toque de queda mediante, la violencia en la calle ya se ha cobrado cerca de una veintena de muertos y centenares de heridos. Sin embargo, miles continúan en las calles y el gobierno comienza a retroceder. Chile despertó.

En algún momento del lunes 14 o el martes 15 de octubre, los estudiantes del secundario se autoconvocaron por medio de las redes sociales para saltar torniquetes de forma masiva en las líneas del tren metropolitano subterráneo de Santiago. Liceos del centro y la periferia de la ciudad se reunían con la consigna “Evadir, no pagar, otra forma de luchar”. La lucha de los secundarios ha sido una tónica del sacudimiento social en las postrimerías, de nunca acabar, de la posdictadura chilena: mochilazo en 2001, revolución pingüina en 2006 y, en 2011, el último estallido, una rebelión estudiantil que movió los sólidos cimientos de los pactos neoliberales de la administración chilena.

Al final de la semana, el gobierno metropolitano dictó la securitización del subterráneo: perros, antimotines, fusiles de balas de goma, gases por todos los túneles. Se contaban por decenas los efectivos de la policía en una guerra por un objetivo que parecía absurdo: no permitir que la desobediencia estudiantil copara el tren subterráneo para saltar los molinetes. La batalla tuvo su apoteosis el viernes 17 de octubre, cuando las autoridades del tren decidieron cerrar las puertas de las seis líneas de la red. De la evasión de los jóvenes, que pagan 230 pesos chilenos (0,32 dólares), se pasó a una crisis del transporte que desembocó en un estallido social.

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