Verdades de un centro de torturas

 El lento desmonte de la mentira

Nuevas confirmaciones para viejas verdades.

Sanuel Blixen

10 julio 2020

Fachada de la casa situada en Bacacay 3570, en Buenos Aires, en donde funcionó el centro de reclusión y torturas El Jardín

El hallazgo de un centro clandestino en Buenos Aires da nuevas pistas sobre el derrotero de varios compatriotas desaparecidos o asesinados en Argentina. Documentos traspapelados sobre denuncias de traslados clandestinos a Uruguay de militantes secuestrados en ese país, que hoy siguen desaparecidos, adquieren ahora nueva vigencia e importancia.

Por más que la pongan a hibernar y la entierren bajo espesas capas de indiferencia y de formalismos, la verdad puja hacia arriba y aparece cuando menos se lo piensan los impunes y sus acólitos. Es posible que el resurgir de la verdad –y su contraparte, el desmonte de la mentira– no tenga la fuerza suficiente para quebrar la cómoda postura de quienes siguen reforzando la impunidad; pero en todo caso quedarán más en evidencia, y el juicio será cada vez más severo.

En la última semana, dos noticias provenientes de Argentina han desmontado el andamiaje de la desinformación en dos casos particularmente reveladores de los alcances del terrorismo de Estado durante la dictadura militar. Una de ellas es la confirmación del funcionamiento, desde marzo de 1976, de un centro clandestino de detención en Buenos Aires, en la misma manzana donde funcionó Automotores Orletti, la base donde los comandos militares uruguayos secuestraron, torturaron y desaparecieron a decenas de exiliados. Ese nuevo centro, conocido como El Jardín, en la calle Bacacay del barrio de Floresta, probablemente fue el lugar donde asesinaron a Ari Cabrera, fundador del Partido por la Victoria del Pueblo, Manuel Liberoff, dirigente del Partido Comunista (ambos desaparecidos), Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, todos ellos secuestrados antes de la “inauguración” de Automotores Orletti, el 1 de junio de 1976. La existencia de ese centro confirma testimonios de uruguayos detenidos en Buenos Aires nunca investigados (algunos aportados ante la comisión investigadora de la Cámara de Diputados) y que dan pistas de las bases en Buenos Aires utilizadas por los comandos del Sid para los asesinatos de los dos legisladores. Por extensión, habrá que dar crédito a otras denuncias sobre los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, que quedaron por el camino debido a maniobras de ocultamiento de algunos de los legisladores que llevaban a cabo la investigación.

La otra noticia, reproducida por el diario regional Acción, de Mercedes, confirma, con el texto de un documento del Departamento de Estado desconocido hasta ahora, el casi seguro traslado clandestino a Montevideo de 21 uruguayos (de los Gau, el Pcr y el Mln) secuestrados en diciembre de 1977 y comienzos de 1978, que permanecen desaparecidos. El caso, conocido desde 2007, desmonta una perversidad instalada desde mediados de 2005, cuando el Comando de la Armada Nacional entregó al entonces presidente, Tabaré Vázquez, tres informes sobre los desaparecidos. Firmados por los vicealmirantes Tabaré Daners y Juan Fernández Maggio, los informes reconocen que la Armada, y en particular el Cuerpo de Fusileros Navales (Fusna), había desarrollado una estrecha colaboración con la Escuela de Mecánica de la Armada argentina, con intercambio de oficiales (los capitanes de navío uruguayos Jorge Tróccoli y Juan Carlos Larcebeau, y los capitanes de navío argentinos Jorge “el Tigre” Acosta y Alfredo Astiz). Pero niegan enfáticamente que la Armada tuviera responsabilidad en la desaparición de 26 uruguayos secuestrados en Argentina a partir del 21 de diciembre de 1977. La mayoría de esos uruguayos hoy desaparecidos habían sido investigados en el Fusna por su vinculación a los Gau, a partir de la detención, en el puerto de Colonia, del dirigente montonero Oscar de Gregorio, quien fuera entregado en el puerto de Montevideo a oficiales de la Esma; el Fusna concentró, a partir de 1976, la represión a los Gau.

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