Estudiantes y ex presos politicos, siempre la Memoria

 Estudiantes y ex presos políticos

construyen un trayecto

entre puntos de la memoria

25 de agosto de 2020 · 

Escribe Luis Rómboli 

Proyecto de extensión de Educación Social promovió un mapeo del Municipio B con puntos relacionados con la represión y la resistencia entre 1968 y 1985.

Hasta el viernes se puede visitar en el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC) la muestra Espacios y trayectos de memoria en la ciudad, surgida a partir del Proyecto de Extensión “Educación, ciudad y memoria” del Instituto Académico de Educación Social del Instituto de Formación en Educación Social (IFES) del Consejo de Formación en Educación (ver recuadro). En la exposición se puede ver un mapa del Municipio B (Cordón, Palermo, Parque Rodó, La Aguada este, parte de La Comercial y de Tres Cruces) señalizado a partir de un mapeo colectivo realizado por estudiantes de Educación Social e integrantes de la organización de ex presos políticos Crysol sobre puntos que hacen referencia a la represión y la resistencia entre el 13 de junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985. El mapa tiene referencias de colores relacionadas con el uso de la ciudad de acuerdo a temas laborales o de estudio, uso doméstico o de parentesco, uso cultural y militancia; también según el período (se eligieron dos, divididos por el golpe de Estado: 1968-1973 y 1973-1985); y se señalizaron la marcas de la memoria y los sitios de memoria. Además, en la muestra se puede ver el registro audiovisual del recorrido en que terminó el proyecto.

En diálogo con la diaria, los responsables de Espacios y trayectos de memoria en la ciudad, los educadores sociales Paola Fryd y Hernán Lahore, contaron que lo primero que hicieron fue motivar a estudiantes del IFES y a integrantes de Crysol a realizar juntos el mapeo para establecer puntos del Municipio B en correspondencia con un recuerdo. “Por ejemplo, en 18 de Julio y Martín C Martínez fue donde a una de las personas la agarraron para llevarla presa, como preso político”, explica Fryd, mientras señala el punto en el mapa. “Las personas iban identificando puntos y a su vez identificando recorridos. Por eso el tema de los trayectos dentro del Municipio B. Lo seleccionamos porque es una zona que tiene centralidad, que ha sido muy significativa en relación con luchas tanto a nivel de resistencias como de represiones. Y por eso la intervención es entre la Universidad de la República y la plaza Libertad, porque tanto los estudiantes como la gente, que no baja de entre los 65 y 70 años, lo identificaban, ayer y hoy, como un trayecto que aporta a la construcción de la memoria colectiva, donde pasan cosas para la memoria de los uruguayos”, explica Fryd.

Según Lahore, pensaron que “hacer un mapeo tenía que ver con los procesos que se venían desarrollando” a partir de la aplicación de leyes como la de reparación a víctimas del terrorismo de Estado y la de declaración de sitios de memoria, en la que se establecen “procedimientos para identificar lugares de la ciudad donde se habían producido violaciones a los derechos humanos entre 1968 y 1985”. Pero más allá de esos sitios, este proyecto se interesó por “una construcción más subjetiva de relatos sobre el espacio y la memoria de cualquier persona”. “En este caso trabajamos con ex presos políticos y estudiantes de Educación Social, pero podría haber sido otra grupalidad. Poder ver qué memoria tiene cada uno, dónde se ha situado sobre un determinado territorio y en este caso en relación con el pasado reciente. El mapeo colectivo es una herramienta que obliga, a partir de un soporte gráfico o visual, a trabajar entre las personas para crear el mapa. Lo hacen en el momento en que se ponen alrededor del mapa, y en estas distintas interacciones que cada uno va haciendo, se va creando algo más de relato colectivo”. Fryd cuenta que “la pata educativa” del proyecto consistió en que se hizo en el IFES, con estudiantes, y “ahí hay algo de la transmisión generacional, de un pasaje de la memoria, del recuerdo y de la construcción de una memoria colectiva, donde hay algo que también tienen que recibir las nuevas generaciones para resignificar la ciudad”. “Pudimos visualizar cómo funcionaba para jóvenes de entre 20 y 22 años determinada esquina, que significaba una cosa bien distinta para otras generaciones. Sin embargo otros trayectos podrían tener significados iguales para todos”, agrega.

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