Un editorial: Manini en la fuga de responsabilidades – Sanguinetti dirige

Es un hilo que siempre conduce a lo mismo, difícil buscar otra cosa donde siempre hubo lo mismo.

Esta historia ya la vivimos y el país entero la sufrió.

Es lo que hoy se llama una remake. La mayoría de los protagonistas de la primera película ya no están.

Los nuevos no homenajean al dictador Francisco Franco con el saludo nazi, de “cara al sol”, como el padre del actual Presidente.

Los de ahora son rubios, veranean en el este, surfean, viven en La Tahona, diseñan jardines, son CEO de transnacionales, graduados en Harvard y se consiguen para comer asados los fines de semana un cuchillo con mango de guampa, un caballito criollo, una boina ladeada de La Tranquera y un terreno de Colonización.

En ese mundo fashion, lidera en las sombras este Sanguinetti, que ha pasado por media docena de ajustes fiscales y ya no se cuece en el primer hervor.

Don Julio María, en la tribuna del Campeón del Siglo, parece más popular que los pitucos de la 404, pero, a no dudarlo, hace buena yunta con los blancos.

Hace 50 años, cuando en Uruguay se comenzaron a recortar las libertades y los gobiernos iniciaron un proceso regresivo de tenor neoliberal, cuando el capital financiero y los grandes empresarios de la ciudad y el campo ocuparon directamente los cargos de gobierno, cuando la CIA tenía una oficina en Jefatura de Policía y sus agentes enseñaban a torturar picaneando “bichicomes”, cuando la Embajada estadounidense y los servicios de inteligencia extranjeros incidían en la política cada vez más represiva de los gobiernos blancos, del de Pacheco Areco y Bordaberry, ahí estaban los ministros blancos almorzando en la Embajada de EEUU y los ministros, como Julio María Sanguinetti, acompañando pragmáticamente lo que a todas luces se venía.

50 años más tarde, Julio María, un anciano fatuo y cada vez más a la derecha, sigue conspirando, tratando que la coalición no se rompa para evitar el desgaste de la misma y la eventualidad potente de que el Frente Amplio vuelva a ser gobierno.

Si para eso hay que venderle el alma al diablo, no hay problemas. Igual, no será la primera vez. Ya el alma está empeñada. Para ser más preciso, prostituida.

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