Derecha uruguaya en el “neopatriotismo”

Estas características de los “neopatriotas” son descritas por López y Sanahuja en un artículo publicado el año pasado en la revista Conjuntura Austral, del Programa de Posgraduación en Estudios Estratégicos Internacionales de la Universidad Federal de Río Grande del Sur. Para los autores, el eje que mejor separa estas nuevas derechas del resto del espectro político es el eje globalización-antiglobalización.

“La categoría de neopatriota abarca a distintos partidos y movimientos políticos de extrema derecha que reivindican el nacionalismo y, en consecuencia, se oponen al multilateralismo y a cualquier norma global o regional que limite, en cuanto régimen internacional, la soberanía nacional”, describen los politólogos en el artículo denominado “La nueva extrema derecha neopatriota latinoamericana: el internacionalismo reaccionario y su desafío al orden liberal internacional”. En ese marco, “la globalización, las normas internacionales y el cosmopolitismo se definen como amenazas existenciales, que disgregan la comunidad y destruyen la tradición que la define”. Esto explica, entre otros factores, la oposición de estos sectores a la agenda de género y diversidad, que definen como “ideología de género”.

Los neopatriotas son también antielitistas y reivindican lo popular. En sus discursos, se dirigen a ciudadanos frustrados o desconformes con el sistema político y la globalización, en una lógica narrativa que constantemente construye al “enemigo”. Actores tan diversos como organizaciones de la sociedad civil, líderes políticos progresistas y organizaciones multilaterales son acusados de ser parte de “una supuesta élite globalista que propaga el marxismo cultural”, indica el artículo.

En el mencionado video, Salle promete explicar, en forma práctica, “cómo funciona el nuevo orden mundial, es decir, esa tecnoestructura que han generado los megarricos para la dominación total y absoluta”. Cuestiona al “periodismo mercenario al servicio de la élite hegemónica” y a la “putrefacta casta política, títeres de esa élite”. Se queja de que el “nuevo orden mundial liquida” a la familia y a la propiedad privada y denomina “plan macabro” a la agenda 2030 de las Naciones Unidas.

En una lógica similar pero sin tantos adjetivos, Manini Ríos dijo en el Parlamento en agosto del año pasado, en el marco de una crítica a la actuación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso Gelman, que anteponer tratados internacionales a la Constitución “es aceptar que se nos gobierne desde afuera” y es propio “de quienes exhiben con orgullo su cipayismo apátrida. Habrá uruguayos genuflexos felices de este tipo de dependencia, pero no es ese nuestro caso. Por eso reivindicamos nuestra soberanía nacional”. Un mes después, también en el Parlamento, Domenech aseguraba que hasta el surgimiento de CA la ciudadanía uruguaya estuvo “obligada a consumir un menú político insulso, cuando no destructivo, de las tradiciones sociales, políticas y jurídicas de nuestra nación, que pretendía la imposición de modelos foráneos, ajenos a los deseos y las necesidades de nuestro pueblo, muchas veces alentado por organizaciones privadas generosamente financiadas desde el exterior” y cuestionaba “consignas impuestas internacionalmente por los grandes centros de poder mundial que, sin chistar, han seguido gobiernos que se autocalifican de izquierda o derecha”.

Sobre la presencia de esta nueva derecha neopatriota en Uruguay, la diaria conversó con Camilo López, doctor en Ciencia Política, docente e investigador.

¿El discurso de Gustavo Salle puede considerarse de derecha “neopatriota”?

Es profundamente neopatriota. Viene en clave de lucha contra los valores de la globalización. ¿Por qué es de derecha y entronca con los antivacunas? Porque hay un combate a las teleologías del progreso, del avance. Hay una especie de mirada nostálgica hacia una Arcadia regresiva, hacia un pasado en que todo era distinto y no se alteraba el orden. Estas derechas son animales diversos que tienen como elemento central la reacción. Son derechas antiglobalistas y, por lo tanto, profundamente nacionalistas, y más que nacionalistas, soberanistas, con una redefinición de qué es lo nacional y qué es lo popular, con un discurso antielitista.

¿Qué similitudes hay con los discursos de CA, y qué diferencias también? Porque el ministro de Salud Pública es de CA y no tiene una posición anticientífica ni antivacunas.

Creo que lo que los asemeja es el antiglobalismo, que tiene expresiones diferentes. Cuando uno mira el antiglobalismo en el discurso de Salle, es un antiglobalismo que, en términos sanitarios, tiene un cuestionamiento al orden internacional liberal en términos de gobernanza de los temas de salud, a la Organización Mundial de la Salud, a los procesos políticos multilaterales. Hay un descrédito de las instituciones del orden liberal internacional de la globalización pos Segunda Guerra Mundial. Ese es un primer componente, que se asemeja a CA, que también en algunas cosas va a discutir el orden liberal internacional, también en clave de soberanía, pero no en el ámbito de la salud. Por ejemplo, cuando desde CA discuten el papel del derecho internacional en temas de derechos humanos, la idea de la no intervención.

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