Derecha uruguaya en el “neopatriotismo”

Por otro lado, está el cuestionamiento a las élites, y una construcción de imagen de las élites. Esa construcción de imagen son las banderas en el Obelisco en Argentina que dicen: “Soros o Perón”. De alguna forma, cuando Salle levanta una crítica contra las élites transnacionales, contra la cleptocorporatocracia global o el Estado narco-forestal-celulósico, es esta idea antielitista de una élite nacional entreguista, traidora a la soberanía nacional –cuando dice, por ejemplo, que los legisladores son reos de lesa nación o de lesa patria–. Cuando hace ese discurso anti Bill Gates y anti George Soros, es ese antielitismo. Esta cuestión se asemeja a discursos de otrora, con carga antisemita, sobre la burguesía global. Es la derecha que está yendo contra la derecha globalista del Foro de Davos. También rechazan la noción del experto, del técnico, del tecnócrata, y de alguna forma promueven la devolución del poder a la persona común. Es aquel discurso del brexit que te decía: “Tome usted el control de vuelta, usted que está en un pueblito en el interior de Birmingham”. Y CA también tiene un discurso contra el capital transnacional y contra la extranjerización en clave soberanista, que también es una crítica a las élites, con un perfil distinto pero con un contenido similar. Es esta idea de soberanía y de nación homogénea, que desconfía de las diversidades, que homogeniza en función de un sentimiento patrio que está por encima de los individuos. Es una reivindicación de una construcción política en clave de nosotros y ellos, en que “ellos” amenazan la tradición, los valores, la nación, y son antipueblo. Es una crítica a las élites de afuera y de adentro, y por lo tanto tiene ciertos componentes antipolítica.

En el caso de CA, la derecha uruguaya también es vino nuevo en odres viejos: tenemos nuevamente un Manini, tenemos una línea de larga duración de la derecha uruguaya que muta y se transforma, que levanta legados, pero que se junta y actúa llamada por la reacción.

¿Cómo se explica el hecho de que a la última manifestación antivacunas que convocó Salle hayan asistido personas que se autoidentifican de izquierda? ¿Este tipo de discursos son sólo de derecha?

Mi sensación es que en una marcha como la que hubo el otro día confluyen antiglobalistas en general, que algunos pueden tener autoidentificaciones de izquierda y criticar la globalización neoliberal. Se puede ser antiglobalista de izquierda, el problema es que no se puede ser antiglobalista de izquierda cuando se ataca la agenda posmaterialista y se combate, por ejemplo, la “ideología de género”. Y de alguna forma, cuando se coloca el tema de la salud global desde una mirada hiperconspirativa –esto se emparenta con la alt-right, con la derecha radical gringa, con QAnon– están convergiendo en una agenda con la derecha antiglobalista. Cuando vos ves la acción de la derecha antiglobalista en temas de salud global, ves que votan en Naciones Unidas en contra de la gobernanza en salud, sacan temas de salud sexual y reproductiva. O sea, terminan convergiendo hacia un lado. Probablemente Salle mueva mucho antiglobalista en general, que se siente en distintos lugares, pero después ese movimiento tiene un efecto, una convergencia con una agenda que hoy es una agenda de la nueva derecha uruguaya. Yo me puedo decir de izquierda, pero puedo hacer cosas que contribuyen a la construcción de una agenda de derecha en Uruguay.

¿Pensás que esta nueva derecha puede volverse más masiva en Uruguay en un futuro?

No tengo ni idea, es muy difícil de pronosticar. Desde el punto de vista global, las nuevas derechas son un fenómeno que se puede explicar como un fenómeno internacional. Estas nuevas derechas son hijas de la crisis de la hegemonía del orden de la globalización. Mi sensación es que, si esto tiene una cuestión de cambio estructural, capaz que la pandemia no los mata. Yo no sé si la pandemia, el mal desempeño o la derrota electoral los termina como movimiento. Representan una porción de la sociedad, de Uruguay. De alguna forma CA se transformó en una opción para un electorado que ya existía, que votaba en otro lado pero que ahora tiene un espacio propio. Hay una explicación global de este fenómeno, pero también hay una explicación nacional, un derrotero de la derecha uruguaya que se ha unificado desde la reacción. En el siglo XX, son la república conservadora del freno al batllismo del 16 en adelante, es el pacto de [Gabriel] Terra y [Luis Alberto de] Herrera en el golpe de marzo de 1933, es la derecha anticomunista que empieza a crecer en los 50 con el ruralismo, y después se estabiliza en los 60 con una derecha que se transforma en golpista en los 70. Esta idea de reacción, que va cambiando de piel pero teniendo esta línea de larga duración. Esta nueva derecha uruguaya está ambientada por un proceso de cambio global y revive las raíces que vienen del ruralismo, de esa interpretación de la hispanidad, de lo latinoamericano, de lo nacional-popular, hasta en una clave “antimperialista”.

En el artículo sostienen que estas derechas neopatriotas son antidemocráticas. Pero CA se integró al sistema electoral y hoy tiene representantes en el Parlamento. ¿En qué sentido dirías que es antidemocrático?

Hay un discurso en general de estas derechas, que creo que les cabe a las dos, que por antielitistas, tienen una visión reaccionaria frente a la política. Cuando uno empieza a considerar la actividad de los políticos como una actividad con atisbos de corrupción o ciertos elementos, eso desprestigia a la política, y en ese sentido degrada la democracia. Y después hay agendas que se promueven que tienen tintes antidemocráticos. La democracia es algo más que las reglas de juego. Las reglas de juego son básicas y son hipernecesarias en términos de cómo procesamos nuestros conflictos. Pero cuando estos grupos atentan contra derechos que fueron construidos y disputados políticamente en el espacio público, están afectando la democracia. No necesariamente estas nuevas derechas destruyen u horadan la democracia de la misma forma en que lo hacían otras en otro momento. Creo que la nueva derecha uruguaya tiene discursos que al oponerse a ciertas agendas de derechos o al reivindicar elementos autoritarios de nuestro pasado, lentamente va impactando sobre el discurso democrático en el país.

¿Cómo ha reaccionado el sistema político tradicional uruguayo frente a la emergencia de estos actores? Algunos politólogos, como Daniel Chasquetti, insisten en la idea del cordón sanitario. Pero CA no sólo conforma la coalición de gobierno, sino que ha convergido puntualmente con el Frente Amplio en el Parlamento, en el tratamiento de algunos proyectos de ley.

En el mundo ha ocurrido una estrategia doble: la idea de incorporarlos al sistema o de hacerles un cordón sanitario. Hay algunos analistas y trabajos que muestran que aliarse con la ultraderecha a largo plazo es un problema. Yo tiendo a pensar que estas nuevas derechas tienden a horadar el sistema de una forma mayor, pero es mi percepción, el futuro dirá. CA además es un partido que es necesario para la coalición para mantener la gobernabilidad, para poder tramitar una agenda, y eso va a afectar y afecta la agenda de políticas públicas del gobierno. Y, por otro lado, CA y estas nuevas derechas en este perfil antiglobalista corren el eje en algunas discusiones y pueden parecer atractivas para algún tipo de acercamiento o de acuerdo con una izquierda con la que pueden coincidir en temas puntuales. Ahí me parece que en el fondo hay una discusión muy conceptual: si los actores se van a mover con base en intereses y cálculos estratégicos para mover la agenda o van a tener elementos ideológicos que les permitan mantener ciertas fronteras.

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