Y ya el represor y asesino Tróccoli está en prision

Detienen en Italia a exmilitar uruguayo

por desaparecidos del Plan Cóndor

Roma (Italia) – 10 julio 2021 – (AFP)

El ítalo-uruguayo Jorge Troccoli, excapitán de navío, condenado a cadena perpetua en Roma por la desaparición y muerte de opositores en el marco del Plan Cóndor perpetrado por las dictaduras del Cono Sur en las décadas de 1970 y 1980, fue detenido este sábado en el sur de Italia, informaron fuentes judiciales.
“Trocoli ha sido detenido y se encuentra en la cárcel de Fuorni, Salerno, en el sur de Italia”, aseguró a la AFP la abogada Alicia Mejía, quien representa a algunas de las víctimas del represor sudamericano en el juicio adelantado en Roma.

El viernes, la Corte de Casación de Roma confirmó la sentencia definitiva a cadena perpetua para 14 represores sudamericanos, entre ellos a Troccoli, quien reside desde hace varios años en Italia.

“Mi cliente se iba a entregar. Estaba esperando el resultado de una serie de exámenes médicos por algunas patologías que padece desde hace tiempo. La víspera estuvo en el hospital de Battipaglia para hacer unos exámenes. Pero esta mañana, tras ser dado de alta, varios agentes se lo llevaron al cuartel y luego a la cárcel”, explicó a la agencia italiana de noticias AGI, su abogado, Francesco Saverio Guzzo.

“La detención de Troccoli demuestra que el Estado ejecuta las sentencias”, comentó Jorge Ithurburu, presidente de la organización de defensa de los derechos humanos 24Marzo.

“Troccoli aún no ha contado dónde están los cuerpos de sus víctimas, todavía puede”, pidió Ithurburu.

El excapitán de navío, de 72 años, fue procesado en Italia por la desaparición y muerte de 25 personas, entre ellas 20 ciudadanos uruguayos, -para lo cual el Estado de Uruguay dio su autorización- y 5 ítalo-uruguayos.

Se trataba de un grupo de militantes de izquierda de varias tendencias, que se reunieron entre diciembre de 1977 y enero de 1978 en Argentina, para formar un frente común de lucha contra la dictadura en Uruguay (1973-1985).
Tras ser detenidos ilegalmente fueron sometidos a atroces torturas y probablemente arrojados al mar en los temidos “vuelos de la muerte”.

Cuatro de ellos fueron trasladados a Uruguay para ser interrogados en centros de torturas, de donde desaparecieron.
La ejecución de la sentencia contra Troccoli llegó al término de ocho años de proceso y numerosas audiencias, durante las cuales comparecieron testimonios, expertos, familiares y compañeros de detención de las víctimas.
En total 21 militares y policías de Uruguay, Bolivia, Perú y Chile, responsables de intervenir en operativos militares pactados entre las dictaduras sudamericanas para secuestrar y ejecutar a los disidentes, fueron procesados y condenados en 2019.

A excepción de Troccoli, todos fueron condenados en ausencia.

La Corte de Casación confirmó el viernes la sentencia definitiva sólo para 14 de ellos, debido a la muerte de varios.
Tres exmilitares chilenos, colaboradores del régimen militar de Augusto Pinochet, condenados también en ese proceso, declinaron presentar recurso ante el tribunal supremo, por lo que la sentencia se volvió definitiva también para ellos.

kv/eg

SENTENCIA PLAN CÓNDOR

El exmilitar y represor Jorge Tróccoli

              está preso en Italia

 

10.07.2021

ROMA (Uypress)- El exmilitar uruguayo Jorge Néstor Troccoli fue llevado este sábado a la prisión de la ciudad italiana de Salerno (sur) después de que el Tribunal Supremo de ese país confirmara su cadena perpetua por participar en la desaparición de italianos en el Plan Cóndor, la represión en América Latina en las décadas de 1970 y 1980, según informa el portal swissinfo.ch.

Agentes del cuerpo de carabineros se presentaron esta mañana en la casa de Troccoli, en el municipio de Battiplagia, y lo trasladaron primero a la comisaría y luego a prisión, según informan medios como la agencia AGI.

El condenado se ha sometido a una prueba de la COVID-19 y espera el resultado antes de ser encarcelado.

El Tribunal Supremo italiano confirmó este viernes la sentencia a cadena perpetua emitida en 2019 contra 24 militares de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay, acusados de la muerte y desaparición de italianos en la Operación Cóndor en las décadas de 1970 y 1980. La sentencia de la alta corte afecta solo a catorce de los imputados -once uruguayos y tres chilenos-, pues el resto han muerto en los últimos años o se desconoce su situación.

Troccoli, excapitán de navíos y que formó parte del Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA), era el único de los acusados que reside en Italia, adonde llegó en 2007 tras escapar de la Justicia de su país valiéndose de la doble nacionalidad italo-uruguaya.

El condenado, que no acudió a la audiencia por motivos médicos, fue absuelto en primera instancia en 2017 por el Tribunal de Roma, aunque el de Apelación lo condenó a la perpetua en 2019, un veredicto confirmado ahora por el Supremo en vía definitiva.

La idea de procesar a los represores latinoamericanos en Italia surgió en 1998, tras la detención en Londres del dictador chileno Augusto Pinochet.

El fiscal italiano Giancarlo Capaldo empezó entonces a recabar los testimonios de parientes de ciudadanos italianos asesinados en aquellos convulsos años en Sudamérica y abrió una investigación que ha derivado en este enrevesado proceso en Roma.

En un primer momento, los imputados ascendían a 146, si bien la muerte de muchos de ellos, ya ancianos, y la negativa de Argentina de procesar a los de ese país, acabaron diezmando la lista.

Primer día de cadena perpetua

y Tróccoli va por la domiciliaria

Por Georgina Mayo

10 julio 2021

La detención del capitán retirado, Jorge Tróccoli, se produjo este sábado sobre las 10 de la mañana de Italia. La detención estuvo a cargo del Raggruppamento Operativo Speciale (ROS). Ahora, el exrepresor se encuentra en la cárcel de Salerno pero será derivado para que cumpla su cadena perpetua en otra prisión.

La policía italiana que detuvo a Tróccoli en su domicilio de Vía Campagno 9, Battipaglia, Salerno, es el cuerpo de seguridad especializado en imputados de causas complejas. La detención se postergó hasta la mañana de este sábado porque una vez que la Corte de Casación confirmó la sentencia de condena de segunda instancia, se debió esperar que el Fiscal de la Cámara Italiana ordenara el arresto de Tróccoli.

El capitán retirado habló muy pocas veces ante la justicia. Una de ellas fue ante la justicia italiana de primera instancia. Durante la audiencia de 2016, Tróccoli calificó a Uruguay de “patria ingrata”.

Su declaración en la audiencia fue divulgado en un informe de la RAI en 2019. Las periodistas Alessandra Solarino y María Elena Scandalliato intentaron entrevistar al exrepresor que una vez más respondió evasivamente ante las cámaras. Es más, cuando la periodista le pregunta en la puerta de su casa “¿es usted?” el excapitán Tróccoli llega a responder “no soy yo”…”Siento su acento”, responde la periodista para luego registrar cómo Tróccoli le cierra la puerta en la cara sin responder más.

Tróccoli conserva el acento pese a que hace 14 años se fugó de Uruguay poco antes de ser procesado por la justicia, en la causa de las desapariciones perpetradas en 1978.

El informe de la televisión italiana, reproduce la declaración espontánea de Tróccoli ante la justicia. El militar relató que “la Operación Cóndor, la cuestión de los desaparecidos, la conocí por la prensa años después de mi retiro. La patria que primero me llamó a combatir después me traicionó: ingrata patria que ni siquiera tendrá mis huesos, como dice Escipión, el Africano. Gracias”.

Antes de ser detenido esta mañana, Jorge Tróccoli anunció que presentará su último examen cardiológico y el que refiere a su diabetes porque desde ya indicó que no podrá estar en prisión.

El activista argentino y politólogo, Jorge Itharburu, dijo a 25siete esta mañana que “si Tróccoli se hubiera entregado, podría haber permanecido en una cárcel de la ciudad de Battipaglia”, donde vivía hasta ahora. Sin embargo, al tener que ser detenido por parte del cuerpo especial Raggruppamento Operativo Speciale será derivado a la cárcel que le toque”.

Itharburu explicó que Tróccoli fue derivado primero al Cuartel de la Policía de Battipaglia donde le realzaron un examen de Covid-19. Luego de esto fue trasladado a la Carcere di Fuorni en Salerno.

Itharburu agregó que esta prisión de Salerno no es para presos con larga condena sino para quienes cumplen penas más cortas por eso deberá ser trasladado nuevamente. Sin embargo, Troccoli ya comenzó los trámites para cumplir prisión domiciliaria porque sostiene que su estado sanitario le impide estar en una cárcel.

En uno de los últimos informes periodísticos, que registró a Tróccoli luego de ser condenado en segunda instancia en 2019, Itharburu relató que se lo vio conduciendo su auto. Por tanto, “se infiere que si puede conducir un vehículo podrá estar en la cárcel”, indicó.

El juez de vigilancia de la justicia italiana será quien resuelva en plazo de 15 días sobre si Troccoli permanecerá o no en prisión efectiva.

Plan Cóndor: Troccoli ingresó a la cárcel

para cumplir cadena perpetua

El represor ítalo-uruguayo Jorge Troccoli fue uno de los 14 condenados en Italia. Esta mañana entró a la prisión de la ciudad de Salerno.

10 julio, 2021 

Hace algunas horas, el Tribunal Supremo de Italia confirmó las cadenas perpetuas de 14 militares represores acusados de la muerte de ciudadanos italiano en el marco del Plan Cóndor, que azotó Latinoamérica en los ’70 y ’80. Durante la mañana de este sábado, el capitán de navío retirado Jorge Troccoli, quien se fugó de Uruguay en 2007, entró a la prisión tras su condena.

Sobre las diez de mañana el represor ingresó a la cárcel de Salerno, donde pasará los últimos años de su vida (actualmente tiene 72). Al exmilitar lo procesaron por la desaparición y muerte de 25 personas, entre ellas 20 ciudadanos uruguayos y 5 ítalo-uruguayos.

Los asesinados eran militantes de izquierda que, reunidos en Argentina, procuraron formar un frente para luchar contra la dictadura cívico-militar en Uruguay. El proceso que involucró a Troccoli se extendió durante 8 años.

«Se iba a entregar»

Franceso Saverio Guzzo , abogado de Troccoli, hizo declaraciones a la agencia de noticias italiana AGI. Dijo: «Mi cliente se iba a entregar. Estaba esperando el resultado de una serie de exámenes médicos por algunas patologías que padece desde hace tiempo. La víspera estuvo en el hospital de Battipaglia para hacer unos exámenes. Pero esta mañana, tras ser dado de alta, varios agentes se lo llevaron al cuartel y luego a la cárcel».

Troccoli intenta demostrar que no

puede ir preso por cuestiones de salud

10/07/2021

El represor fue detenido este sábado por la policía italiana y permanece encarcelado en Salerno a la espera de la ejecución de la sentencia de prisión perpetua  


Jorge Troccoli evadió a la Justicia uruguaya pero no pudo hacer lo mismo con la italiana. 

El exmarino uruguayo Jorge Troccoli fue apresado este sábado pasadas las 10 de la mañana, hora de Italia, cuando salía de un control médico en el hospital de Battipaglia, un municipio de 50 mil habitantes en la provincia de Salerno, a 286 quilómetros de Roma.

El operativo se llevó a cabo con la participación de efectivos del Raggruppamento Operativo Speciale (ROS), comandados por el general Paquale Angelosanto. El procedimiento fue coordinado por el fiscal Antonio Mura y sus adjuntos Roberto Cavallone y Francesco Mollace.

Troccoli había sido monitoreado durante mucho tiempo por la policía y fue finalmente detenido pocas horas después de la confirmación de la sentencia por parte de la Corte Suprema de Casación de la capital italiana.

Según supo Sudestada, Troccoli intenta demostrar que por su estado de salud no puede ir a prisión, una estrategia que utilizaron los represores en Uruguay y que les permitió en su mayoría obtener la prisión domiciliaria.

Un juez de vigilancia, encargado de ejecutar la sentencia, se encuentra evaluando el caso, pero dada la gravedad de los crímenes existen altas posibilidades de que lo envíen a la cárcel. El análisis del caso puede tomar de una semana a dos, y en caso de resolver su reclusión el magistrado deberá decidir si enviarlo a prisión en Salerno o en otra cárcel italiana.

Dado que la prisión de Salerno tiene la mayoría de reclusos con penas bajas o en prisión temporaria, seguramente en caso de permanecer preso Troccoli deberá ser trasladado ya que la Justicia italiana le impuso una pena de cadena perpetua.

Su legajo lo llevó a la cárcel


Corte Suprema de Casación de Italia..

Troccoli había sido absuelto en la primera instancia del juicio en Italia, porque un tribunal consideró que no existían pruebas suficientes para inculparlo por los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura uruguaya. El marino fue ubicado en aquel país luego de haberse fugado de la Justicia uruguaya.

Sin embargo, su suerte cambió cuando el abogado Andrea Speranzoni, representante del Estado uruguayo y de familiares de varias víctimas, presentó nuevas pruebas durante el transcurso de la apelación.

Speranzoni se basó en los legajos militares que no habían sido tenidos en cuenta por la corte de primera instancia, para demostrar que los mismos tenían una participación activa y oficial en la coordinación represiva.

El abogado explicó que en el expediente de Troccoli consta que fue jefe del S2 (Inteligencia) del cuerpo de Fusileros Navales (Fusna) de la Armada y también oficial de enlace con la marina argentina en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma).

Según esa información, Speranzoni confirmó que Troccoli se encontraba en Argentina en la fecha en que se produjeron los secuestros de numerosos militantes de los Grupos de Acción Unificadora (GAU), el MLN-Tupamaros y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), a finales de 1977 y principios de 1978.

Es bueno en éste momento recordar bien quien es realmente Jorge Tróccoli, reproducimos un artículo.

Mentiras verdaderas

La confesión del capitán de navío Jorge Tróccoli tiene muchos claroscuros y algunas ambigüedades imposibles de ignorar. Su afirmación de que no mató ni sabe nada sobre desaparecidos está en entredicho.

Por Samuel Blixen

Doctor Jeckyll y míster Hyde: Jorge Tróccoli era un entusiasta estudiante de antropología con cierto carisma que lograba disimular la brecha generacional con sus compañeros de la Facultad de Humanidades. La diferencia de edad era suplida con una inteligencia ingeniosa y una simpatía que combinaba el buen humor, destellos de una formación cultural, y algunos desplantes cuarteleros, ciertos tics irreprimibles pero no del todo molestos. Los estudiantes de los talleres de antropología habían aceptado a aquel marino retirado que, además, era un “viejo”.

Eso hasta el pasado domingo 5, cuando el diario El País publicó su larga carta de justificación sobre su protagonismo en el terrorismo de Estado desplegado por la dictadura.

El lunes 6 un Jorge Tróccoli inusualmente hosco, concurrió a la clase de antropología y permaneció mudo en medio de un ambiente tenso. El pasado oculto había pulverizado la simpatía y hecho añicos la corriente de cordialidad. El capitán de navío retirado estaba decidido a continuar con sus estudios, cualesquiera fueran los efectos de su confesión. Para el resto de los alumnos, la presencia de Tróccoli en las aulas era la materialización de un pasado que no llegaron a vivir, que no está aún en los libros de historia, que se aprehende en medio de una polémica evidentemente desgarradora.

La irrupción del pasado los convertía en protagonistas inesperados de un epílogo inconcluso. Era el desconcierto: aquel veterano simpático resultaba ser un profesional de la violencia, según sus propias palabras, un hombre que había aprendido a torturar con “eficiencia” pero sin “odios” y que confesaba haber asumido la contradicción de despedirse cada noche de sus hijos con un beso para sumergirse en un “aquelarre” de gritos, golpes, capuchas y picanas.

Era imposible ignorar la evidencia. Qué hacer, qué actitud asumir, cómo resolver la encrucijada ética? A la iniciativa de su confesión, Tróccoli sumaba la determinación de enfrentar el juicio de los demás. No les ahorraba nada a sus compañeros de clase como no lo hizo con sus colegas de tortura y sus mandos, a quienes emplazó a extender el “sinceramiento”. Los estudiantes de antropología discutían hoy, viernes, en una asamblea, el delicado conflicto y trataban de delimitar el alcance de sus obligaciones y sus potestades.

Es el anverso de la caducidad, que puede renunciar a la potestad punitiva, pero no puede eliminar el conflicto cotidiano puesto que los perdonados por ignorancia, los “ciudadanos de primera categoría” viven con el resto: caminan por la calle, saludan a sus vecinos, discuten de fútbol, y van a clase. La clave consiste en establecer quién es realmente Jorge Tróccoli.

Doctor Jeckyll

Hay un retrato que surge de sus propias palabras: Jorge Tróccoli era un guardiamarina repleto de sueños sobre barcos, viajes y navegaciones, que en 1967 se enfrenta a la realidad de reprimir a los trabajadores de UTE y ANCAP, que en 1969 debe reprimir a los empleados bancarios y que en 1971 es instruido para participar en la “guerra contra la subversión”. En 1973 adhiere al golpe militar “ilusionado” por la “increíble mentira” de los comunicados 4 y 7, y en 1974 se convierte en un “profesional de la violencia”, se sumerge en el “combate” y asume una lógica que lo transforma en torturador, aunque no tiene posibilidades de decidir sobre esa “lógica” elaborada por políticos y jefes militares. En el Fusna (Fusileros Navales) interroga a detenidos y “trata inhumanamente a los enemigos”. Hasta ahí llega la confesión. “No me pregunten detalles dolorosos”, dice, poniendo límites a las revelaciones.

Hay, sin embargo, otro retrato, que se completa con lo que Tróccoli no dijo, con pedazos de verdades ocultas que reclaman otras confesiones. En las profundidades de la verdad hay otros planos de sinceramiento, que no desvirtúan el valor de la confesión inicial, sólo si su ocultamiento responde a una comprensible inhibición. En su extensa carta hay omisiones que sería preferible no atribuir a una estrategia de enmascaramiento, que puede apuntar a la confusión. Sin duda, como él mismo dice, corresponde a las “instituciones” (civiles y militares) asumir la globalidad de la verdad; pero su paso está incompleto. Si Tróccoli asume, es menester que asuma todo.

Míster Hyde

Al asumir su condición de torturador, Jorge Tróccoli aclara que “no maté a nadie ni sé nada del tema de los desaparecidos, pero no por un altruismo humanitario”, sino porque, “afortunadamente no me tocó vivir esa situación”. La afirmación debe tomarse con pinzas. A saber: El puesto de “combate” en el Fusna lo convirtió a Tróccoli en jefe del S-2, es decir, el departamento de inteligencia de la unidad. Como tal jefe de inteligencia coordinaba las operaciones a nivel de la OCOA, un organismo central de las Fuerzas Armadas para la lucha antisubversiva.

Informaciones de prensa (El Observador, lunes 6) sitúan a Tróccoli operando en Buenos Aires en el centro clandestino de detención conocido como Automotores Orletti. Allí tenían su base de operaciones los destacamentos de militares uruguayos que desplegaron la represión en Argentina. Allí fueron interrogados y torturados la mayoría de los uruguayos desaparecidos.

Por allí pasaron Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, allí estuvieron Gerardo Gatti y León Duarte.

Sólo algunos de los oficiales de las Fuerzas Armadas uruguayas que operaron en Orletti, entre mayo y diciembre de 1976 fueron identificados por las víctimas que sobrevivieron. Tres oficiales (José Gavazzo, Jorge Silveira, Manuel Cordero) y un policía (Hugo Campos Hermida) fueron procesados por la justicia argentina por sus actividades en Buenos Aires; pero muchos otros permanecen “compartimentados”, en la medida en que los sobrevivientes de Orletti no han logrado identificarlos.

Algunos de ellos tienen la convicción de que entre los “desconocidos” había un oficial de la marina, como había un policía, puesto que los comandos en Argentina respondían a la OCOA. Jorge Tróccoli no ha dicho una sola palabra sobre su presunta participación en Orletti, un extremo que insisten en asegurar fuentes militares.

Si su presencia en Orletti está aún desdibujada, su participación en los sótanos de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) parece más comprobada.

Los dos supuestos miembros de la inteligencia de la Armada entrevistados por Posdata (26 de abril) sostienen que Tróccoli fue designado en la ESMA como “coordinador” a partir de las incursiones de oficiales de la Armada argentina en Montevideo, a mediados de 1977. La captura de un dirigente montonero en Colonia activó la “reciprocidad” uruguaya con Argentina: así como en 1976 las Fuerzas Armadas argentinas aportaron la infraestructura y el apoyo operativo a sus colegas uruguayos, el Fusna hizo lo mismo con sus colegas de la ESMA.

En los operativos realizados en Montevideo y en balnearios de la Costa de Oro fueron detenidos varios montoneros: tres de ellos fueron interrogados en el Fusna y después trasladados clandestinamente a Buenos Aires. Los tres figuran como desaparecidos. Tróccoli, como jefe de inteligencia, participó directamente en la captura, en los interrogatorios y en los traslados. No ha dicho nada sobre ese episodio, y tampoco lo ha desmentido.

Los operativos contra los montoneros permitieron a la inteligencia del Fusna desmantelar la estructura clandestina de los GAU (Grupos de Acción Unificadora), algunos de cuyos dirigentes, como Héctor Rodríguez y Ricardo Vilaró, ya habían sido detenidos, interrogados, procesados y encarcelados.

La acción contra los GAU comenzó con una coincidencia: uno de los montoneros capturados en Uruguay tenía una cédula de identidad uruguaya. Al allanar el domicilio de la persona a quien correspondía el documento, fue incautado material que permitió desmantelar la estructura. La represión de los GAU fue dirigida por Tróccoli.

Decenas de militantes fueron detenidos y torturados en las dependencias del Fusna. También hubo detenciones en Buenos Aires, que según Posdata fueron realizadas por comandos de la ESMA; cuando Tróccoli se trasladó a Buenos Aires para interrogarlos se encontró con que -según esa versión- los uruguayos ya habían sido “desaparecidos”.

Los entrevistados de Posdata mencionan los nombres de dos desaparecidos, Fernando Bosco y Luis Fernando Martínez. Sin embargo, la historia no parece ser exactamente así: en el comunicado que brindaron las Fuerzas Conjuntas el 18 de marzo de 1978, sobre el “desbaratamiento de la Organización Subversiva”, se aportaba una extensa lista de nombres, entre personas detenidas y procesadas y otras identificadas como pertenecientes a la estructura. En esa lista aparecen tres nombres (Alberto Corsch Lavina, Luis Fernando Martínez y José Enrique Michelena) que hoy integran la lista de desaparecidos del GAU en Buenos Aires. Estos tres desaparecidos y otros, entre ellos Gustavo Arce, José Gambaro, Julio D’Elía y su esposa Yolanda Casco, fueron detenidos, o permanecían vivos, cuando ya el teniente de navío Tróccoli se trasladó a Buenos Aires, a fines de 1977. (El hijo de Julio y Yolanda, nacido en cautiverio, apareció en 1995 en poder de un oficial retirado de la Armada argentina.)

Todos ellos fueron vistos con vida en centros clandestinos de detención en marzo de 1978, según el testimonio aportado en Suecia por el exiliado Washington Rodríguez a organismos internacionales; de modo que el argumento de los funcionarios de inteligencia naval, en el sentido de que “los argentinos los mataron antes de que llegara Tróccoli”, es inconsistente. Otros testimonios sugieren que algunos de los desaparecidos del GAU fueron vistos en Montevideo, después de su captura en Buenos Aires.

Tanto en su calidad de jefe del S-2 en el Fusna como de coordinador en la ESMA, Tróccoli participó en la represión a los GAU. De ello no ha dicho una sola palabra: no desmintió, hasta ahora, la afirmación de que había operado en Buenos Aires en 1977 y 1978 ni reveló los entretelones de la suerte corrida por los detenidos.

Dice en cambio que no mató a nadie y que no sabe nada sobre desaparecidos, porque no le tocó vivir esa situación. Los pliegues de la verdad sugieren otra cosa: sin duda le “tocó vivir esa situación”, y evidentemente sabe algo sobre desapariciones, pero guarda silencio. Puede que sepa mucho, y en ese caso su “confesión” adquiere otros tintes. En cualquier caso, se impone que levante la autointerdicción, para que su confesión no quede chueca, en el mejor de los casos; o que, en el peor de los casos, soporte la sospecha de la vieja práctica de decir un pedacito de la verdad para contrabandear una gran mentira.

TRAS LAS REJAS

El represor Jorge Tróccoli fue enviado a

prisión en Italia tras confirmación de condena

El pasado viernes se confirmó su cadena perpetua por participar en la desaparición de italianos en el Plan Cóndor.

12.07.2021

El exmilitar uruguayo Jorge Néstor Tróccoli fue llevado este sábado a la prisión de la ciudad italiana de Salerno después de que el Tribunal Supremo de ese país confirmara su cadena perpetua por participar en la desaparición de italianos en el Plan Cóndor, la represión en América Latina en las décadas de 1970 y 1980.

Agentes del cuerpo de carabineros (policía militarizada) fueron esta mañana a casa de Tróccoli, en el municipio de Battiplagia, donde vive, y lo trasladaron primero a la comisaría y luego a prisión, confirmó a Efe la abogada de sus víctimas, Alicia Mejía.

El condenado se ha sometido a una prueba de la covid-19 y espera el resultado antes de ser encarcelado, que podría ser en cualquier otro punto de Italia, pues se requiere una cárcel para presos de larga duración, y Salerno carece de ella.

El Tribunal Supremo italiano confirmó el pasado viernes la sentencia a cadena perpetua emitida en 2019 contra 24 militares de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay, acusados de la muerte y desaparición de italianos en la Operación Cóndor en las décadas de 1970 y 1980.

En concreto, la sentencia de la Corte afecta solo a catorce de los imputados -once uruguayos y tres chilenos-, pues el resto de han muerto en los últimos años o se desconoce su situación.

Tróccoli, excapitán de navíos y que formó parte del Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA), era el único de los acusados que reside en Italia, adonde llegó en 2007 tras escapar de la Justicia de su país valiéndose de la doble nacionalidad italo-uruguaya.

El condenado, que el viernes no acudió a la audiencia por motivos médicos, fue absuelto en primera instancia en 2017 por el Tribunal de Roma, aunque el de Apelación lo condenó a la perpetua en 2019, un veredicto confirmado ahora por el Supremo en vía definitiva.

Al llegar a la penitenciaría de Salerno ha argumentado que tiene problemas de salud incompatibles con su arresto en la cárcel y tiene la intención de pedir la detención domiciliar, una decisión que correspondería al Tribunal de Ejecución Penal.

La abogada Mejía celebró esta sentencia en firme después de veinte años buscando justicia desde Italia. Tróccoli estaba imputado por la muerte y desaparición de unos cuarenta activistas de izquierdas uruguayos secuestrados en Argentina.

La letrada representa desde el juicio en primea instancia a cuatro víctimas, dos de ellas atribuidas a Tróccoli.

Son los uruguayos Guillermo Manuel Sobrino Berardi, de las Agrupaciones Militantes Socialistas y desaparecido en 1977 en Buenos Aires, y Aída Celia Sanz Fernández, de los Tupamaros y a la que se le perdió el rastro en San Antonio de Padua, Argentina.

Los otros dos casos que ha defendido son el de Daniel Banfi, también uruguayo de los Tupamaros secuestrado en Argentina en 1974 y después asesinado, y el del militante comunista chileno Jaime Donato.

La idea de procesar a los represores latinoamericanos en Italia surgió en 1998, tras la detención en Londres del dictador chileno Augusto Pinochet.

El fiscal italiano Giancarlo Capaldo empezó así a recabar los testimonios de parientes de italianos asesinados en aquellos convulsos años en Sudamérica y abrió una investigación que ha derivado en este enrevesado proceso en Roma iniciado en 2014.

En un primer momento, los imputados ascendían a 146, si bien la muerte de muchos de ellos, ya ancianos, y la negativa de Argentina de procesar a los de ese país, acabaron diezmando la lista.

Con información de EFE

El represor Jorge Tróccoli fue detenido

y encarcelado en Italia tras el fallo de

Casación que confirmó su condena

a cadena perpetua

10 de julio de 2021 · 

Por orden de la Fiscalía de Apelaciones de Roma, fue detenido en su domicilio en Battipaglia por un grupo de operaciones especiales de los Carabineros.

El sábado, tras la confirmación definitiva del Tribunal de Casación de Roma de las sentencias del juicio por el Plan Cóndor, fue detenido en su domicilio el capitán de navío retirado Jorge Tróccoli.

El represor uruguayo, que residía en Battipaglia, provincia de Salerno, fue detenido alrededor de las 11.00 de Italia por los carabineros de la Agrupación Operativa Especial (ROS, por sus siglas en italiano), al mando del general Pasquale Angelosanto, quien ejecutó la orden de prisión dictada por la Fiscalía General del Tribunal de Apelaciones de Roma, que coordina el fiscal Antonio Mura y los fiscales adjuntos Roberto Cavallone y Francesco Mollace, según informó el portal Adnkronos y confirmó la diaria.

Tróccoli se había dirigido en la mañana del sábado al hospital de la localidad donde reside a realizarse unos exámenes médicos, y tras regresar a su domicilio, fue detenido, según informó a la diaria el abogado del militar retirado, Francesco Guzzo.

“La ejecución del encarcelamiento es el epílogo que hace más justicia a las miles de víctimas que dieron su vida por la conquista de la libertad en América del Sur. Los juicios celebrados en Italia son el espejo de una Justicia que no olvida a las víctimas”, dijo Mollace a Adnkronos, después del arresto.

Durante la dictadura cívico-militar, Tróccoli fue un torturador en el entonces cuerpo de Fusileros Navales de Uruguay, y se desempeñó como enlace en el marco del Plan Cóndor en el centro de secuestro, tortura y desaparición clandestino que operó en la Escuela de Mecánica de la Armada, en Argentina. Se fugó de Uruguay en 2007, cuando era investigado por la Justicia por delitos de lesa humanidad, y se radicó en Italia, ya que tiene ciudadanía de ese país.

El encarcelamiento de Tróccoli en Italia sucede pocas horas después de que se pronunciara el Tribunal de Casación de la Suprema Corte italiana sobre el juicio del Plan Cóndor, que dejó firmes las sentencias en segunda instancia que se emitieron el 8 de julio de 2019, contra los imputados. Rechazó los recursos de las defensas de estos y confirmó para 14 de ellos las condenas a cadena perpetua por el asesinato y la desaparición de 38 personas.

Según pudo saber la diaria, tras su traslado a la cárcel de Salerno, Tróccoli presentó el resultado de exámenes médicos que se realizó recientemente y con los que pretende argumentar una solicitud de prisión domiciliaria.

El represor uruguayo fue condenado a cadena perpetua, pero la pena incluye un aislamiento diurno durante dos años, que implica en Italia la prisión individual y la restricción de las visitas. Según pudo saber la diaria, permanecerá en la cárcel de Salerno de manera transitoria. Guzzo dijo a la diaria que este lunes comenzará a estudiar las posibilidades de presentar recursos para conseguir la prisión domiciliaria, debido al estado de salud de su defendido.

Soledad Dossetti, hija de Edmundo Dossetti e Ileana García, dos militantes de los Grupos de Acción Unificadora (GAU) secuestrados en Buenos Aires en 1977, fue una de las querellantes en esta causa llevada a cabo en Roma. En diálogo con la diaria, manifestó que la detención de Tróccoli es significativa debido a que él está “puntualmente” vinculado con la desaparición de sus progenitores. “Tróccoli puntualmente está involucrado en el secuestro de mis padres y de los 22 integrantes de los GAU que desaparecieron el 21 y el 22 de diciembre de 1977 y que estuvieron todos en el mismo centro de reclusión clandestina, que fue el Pozo de Banfield”, explicó, y agregó que para ella este juicio “era algo muy personal”.

“Al fin y al cabo entiendo que se hizo justicia relativa, en el sentido de que siempre pienso que como tardó tanto, fueron tantos años, es una justicia relativa, porque obviamente pasaron toda su vida, los mejores años de su vida en libertad, con todas las comodidades”, dijo, y luego añadió que la justicia, “cuando llega tarde”, es “menos justicia”.

Además, cuestionó que Tróccoli no haya esperado este juicio en prisión preventiva y manifestó “temor” de que la “chicana” que el abogado del represor presentará en la Justicia debido a su presunto malestar físico derive en que continúe la condena en prisión domiciliaria. “Se me mezcla un poco la alegría con el temor, el temor de la burla” a la Justicia, reconoció.

Otra de las querellantes, Aurora Meloni, esposa del militante tupamaro Daniel Banfi, detenido y asesinado en 1974 en Argentina, dijo al sitio Medio Mundo que esta es “una sentencia histórica”, porque “va a crear un precedente jurídico en Italia sobre los delitos de lesa humanidad y es muy importante que Italia haya hecho este paso adelante en su jurisprudencia”. Además, dijo que también es “histórica” para América Latina, porque es la primera vez que “se reúnen en un único proceso todos los países que fueron envueltos en el Plan Cóndor”.

“Después de 47 años [del asesinato de Banfi], tener una sentencia de condena es realmente haber obtenido justicia. Nosotros siempre buscamos la verdad, buscamos la justicia”, dijo, y agregó que este objetivo es de “los demócratas que quieren que todas estas páginas se cierren pero se cierren bien”.

“El ‘nunca más’ que dijimos tantas veces hoy está corriendo el riesgo de que sea una palabra vacía. Hay situaciones muy peligrosas, como la de Colombia y otras en América Latina, que me hacen decir que esta sentencia tiene validez hoy como ayer. […] Esta vez la verdad y la justicia prevalecieron y sobre todo demostraron que la impunidad no es para siempre, que se cometen los crímenes y que antes o después por esos crímenes de lesa humanidad se paga”, añadió Meloni.

 

La justicia italiana ratificó la cadena perpetua para 14 militares latinoamericanos

Sentencia por el Plan Cóndor: los represores

pueden ser perseguidos por otros países

“Aparte de la satisfacción personal, lo importante es ver el futuro, ver si estas sentencias podrán ser aplicadas y no quedarán en un simple hecho formal” señaló el abogado Giancarlo Maniga. Y agregó: ” Me interesa que sean aplicadas para que sean un disuasivo, un impedimento, una advertencia para ese tipo de personajes”. 

Por Elena Llorente

14 de julio de 2021

El abogado Giancarlo Maniga.

 

Desde Roma

El abogado italiano Giancarlo Maniga, que durante años ha seguido en Italia los casos de ítalo-latinoamericanos desaparecidos en América Latina, se declaró satisfecho por la condena definitiva a cadena perpetua de la Corte Suprema italiana para 14 represores latinoamericanos del Plan Cóndor el pasado viernes. Pero advirtió sobre la importancia de aplicar las penas para que sean una advertencia para los futuros dictadores. Entre los condenados estaba el ítalo-uruguayo Jorge Néstor Troccoli, único residente en Italia, que el sábado fue arrestado y conducido a la cárcel de Salerno.

“Como profesional no puedo dejar de sentir satisfacción por las sentencias de la Suprema Corte, un resultado positivo de un trabajo que ha durado tanto tiempo. Pero aparte de esta satisfacción personal, lo importante es ver el futuro, ver si estas sentencias podrán ser aplicadas y no quedarán en un simple hecho formal – declaró Maniga en una entrevista con PáginaI12, aludiendo a la mayor parte de los condenados (chilenos y uruguayos) que viven en sus respectivos países– . Me interesa que sean aplicadas para que sean un disuasivo, un impedimento, una advertencia para ese tipo de personajes. Para que sepan que si la justicia no los toca en el propio país, existirá alguno que los perseguirá en otro lado. Y tal vez éste es otro paso para agregar al ya famoso Nunca más”.

Maniga no sólo ha sido distinguido en Argentina como Caballero de la Orden de Mayo al Merito por sus esfuerzos para condenar a militares torturadores y asesinos de Argentina y otros países latinoamericanos, sino que ha defendido a familiares de los 335 asesinados en la “Matanza de las Fosas Ardeatinas”. Realizada – por dramática casualidad – un 24 de marzo como el golpe de 1976 en Argentina, pero de 1944, la matanza fue ordenada por los nazis que ocupaban Roma como venganza por un atentado realizado por la Resistencia el día antes y donde murieron 33 soldados alemanes. Y en ese juicio realizado en Roma fue condenado Erich Priebke, el ex SS de la Gestapo nazi acusado de ser uno de los responsables, y que vivió en Bariloche por más de 45 años.

Originario de la isla de Cerdeña, Maniga vive en Milán desde hace años donde tiene su estudio de abogado. Nunca abandonó su batalla en defensa de los derechos humanos y defendió a familiares de desaparecidos en varias causas como aquella contra el militar argentino Carlos Guillermo Suarez Mason, quien comandaba los centros de detención de la provincia de Buenos aires, y que terminó en el 2000. O el proceso relativo al ESMA (La Escuela de Mecánica de la Armada), transformada en un centro de detención y torturas durante la dictadura, y que concluyó en Roma en 2007. En el proceso Cóndor, que se inició en Roma en 1999 y concluyó la semana pasada con la condena a cadena perpetua de 14 imputados por el trágico Plan Cóndor, Maniga defendió al ex sacerdote chileno Omar Venturelli, a los argentinos Lorenzo Viñas y Dora Landi y a los uruguayos Daniel Banfi y Héctor Giordano.

El proceso Cóndor “llegó después de al menos otros dos, Suárez Mason y ESMA -continuó- en los que pudimos hacer lo que antes ninguno había hecho, es decir usar el artículo 8 del Código Penal italiano que permite enjuiciar a los responsables de delitos cometidos fuera del estado italiano. Los defensores de los imputados siempre decían que los jueces italianos no tenía competencia para juzgar delitos cometidos en el exterior. Pero en cambio se demostró que era posible hacerlo cuando se trataba de delitos cometidos en el exterior contra ciudadanos italianos”. La justicia italiana también puede procesar a italianos que han cometidos delitos en el exterior como el caso Troccoli, que trabajó para el servicio secreto de la marina uruguaya y se le atribuye la desaparición de unos 20 uruguayos.

Las grandes dificultades de este Proceso Cóndor fueron en cambio “la gran cantidad de material que teníamos que examinar (se habla de 160.000 páginas de documentos ) porque teníamos que defender a familiares de desaparecidos de varios países. Por lo cual había que entrar en los meandros construidos por las dictaduras del Plan Cóndor para suprimir a los opositores. Recoger pruebas a distancia de tanto tiempo (habían pasado más de 25 años) y de espacio, porque los países por investigar estaban en otro continente, representaron notables dificultades. El fiscal que llevó a cabo la primera etapa del proceso hizo durar estas investigaciones preliminares muchísimo tiempo. Yo presenté mi primera denuncia en 1992”. Pero el proceso comenzó recién en 1999.

De todas maneras “estas experiencias me han enseñado que los procesos son la única forma gracias a la cual ciertos hechos a los que muchas veces la historia olvida, pueden ser evocados de manera eficaz para hacer que se salve la memoria y que muchas personas sean conscientes de lo que pueden ser capaces las dictaduras. Pueden ser también una advertencia para que se sepa que ciertos hechos terribles no pueden quedar impunes”, subrayó Maniga.

Una vez conocida la sentencia, ¿el paso siguiente debe ser pedir la extradición?

– Para las sentencias que ya son definitivas, como el caso de los tres militares chilenos del Proceso Cóndor que no hicieron apelación ante la Corte Suprema (Rafael Ahumada Valderrama, Orlando Moreno Vásquez y Manuel Vásquez Chauan), la llamada “Oficina de Ejecución” de la Fiscalía general de la Corte de Apelaciones de Roma ya se está moviendo en esa dirección. Ahora es posible que se haga los mismo con el resto de los condenados. Para el pedido de arresto se actúa también a nivel diplomático.

-¿Para la extradición se requiere algún acuerdo bilateral entre los países?

-Si existe un acuerdo, todo se será mas fácil. Si no lo hay se puede pedir igualmente pero será mucho mas difícil. Veamos el ejemplo de Francia que por años ha negado a Italia la extradición de terroristas y ahora parece que están dispuestos a hacerlo. Los imputados eran considerados perseguidos políticos y la extradición por motivos políticos raramente es concedida.

CONDENA EN ITALIA TRAS 20 AÑOS DE INVESTIGACIÓN SOBRE EL PLAN CÓNDOR

Culpables, en varios idiomas

Mauricio Pérez
16 julio, 2021

Once militares, policías y civiles uruguayos fueron condenados en Italia por crímenes del Plan Cóndor. Solo dos de ellos estaban en libertad, Jorge Tróccoli y Pedro Mato, ambos prófugos de la Justicia uruguaya. Hoy en día, solo queda uno.

Jorge Tróccoli, en 2003

El desenlace parecía inminente. La Justicia italiana había dictado su condena a prisión perpetua por crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur entre los años setenta y ochenta, y su detención era una posibilidad cierta. Por eso, decidió jugar sus últimas cartas para evitar terminar su vida en prisión.

En enero de 2020, el coronel (r) Pedro Mato Narbondo presentó un recurso de hábeas corpus ante los tribunales brasileños para suspender el proceso de extradición en su contra abierto tras el pedido de las autoridades italianas. Pero no tuvo éxito. El Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó el recurso, con el argumento de que no existía una orden de prisión preventiva en su contra. Sin embargo, Mato nunca pisó la prisión.

Por estos días, aquellos temores del represor vuelven a resurgir. El viernes 9, el Tribunal de Casación de la Corte Suprema de Italia confirmó la condena de 11 militares, policías y civiles uruguayos por su responsabilidad en el secuestro y la desaparición de 13 uruguayos, de origen italiano, durante las operaciones del Plan Cóndor. La lista de uruguayos condenados incluye al excanciller Juan Carlos Blanco y al conjunto de militares y policías condenados en Uruguay por la causa del segundo vuelo de Automotores Orletti y por el traslado clandestino de presos políticos en 1978: José Arab, Jorge Pajarito Silveira, Gilberto Vázquez, Ernesto Ramas, Ernesto Soca, Ricardo Conejo Medina, José Sande Lima y Juan Carlos Larcebeau. También el capitán de navío Jorge Tróccoli y Mato, ambos libres y prófugos de la Justicia uruguaya. En esta causa habían sido condenados, además, José Nino Gavazzo y Luis Maurente, hoy fallecidos.

La investigación en Italia comenzó en 1999, cuando familiares de Daniel Banfi y Bernardo Arnone se presentaron ante los tribunales de ese país. Se avanzó lentamente, hasta que el fiscal Giancarlo Capaldo presentó su acusación contra decenas de militares y civiles de Uruguay, Argentina, Perú, Chile y Bolivia. Entre los imputados estaban el exministro del Interior de Bolivia Luis Arce Gómez y el dictador Gregorio Goyo Álvarez.

Tróccoli fue el único imputado uruguayo que compareció en el juicio, ya que el resto decidió desconocer la competencia de los tribunales italianos para juzgar estos crímenes; todos ellos fueron juzgados en rebeldía. El exintegrante del cuerpo de Fusileros Navales se fugó de Uruguay en 2007, cuando era inminente su procesamiento por el traslado clandestino de presos políticos en 1978. Fue detenido en Italia, tras el pedido de las autoridades uruguayas, pero su extradición se frustró por un problema administrativo: la embajada uruguaya en Italia entregó el pedido de extradición fuera de plazo.

Tras dictarse su condena, Tróccoli fue detenido en su casa, en el pequeño poblado de Battipaglia, y trasladado a la prisión de Fuorni, en Salerno. El oficial ingresó en un proceso de clasificación para su posterior derivación a otro centro penitenciario. El fallo judicial establece que Tróccoli deberá pasar dos años de aislamiento absoluto diurno por la gravedad del delito imputado.

Según informó su abogado, Francesco Guzzo, a la agencia italiana AGI, Tróccoli fue detenido tras ser dado de alta del hospital de Battipaglia, al que asistió para efectuarse unos exámenes de rutina. «Mi cliente se iba a entregar», afirmó el asesor legal. Cuando se defina su lugar de reclusión, el militar podrá iniciar un proceso cautelar de arresto domiciliario.

La situación de Pedro Mato, exintegrante del Servicio de Información de Defensa y del Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas, en tanto, presenta dificultades. Después de su retiro, Mato se radicó en Rivera. En 1993, se instaló en una finca en Santana do Livramento (Brasil), a metros de la línea fronteriza. El militar obtuvo la ciudadanía brasilera por intermedio de su esposa, Juliana de Sarro.

Tras la condena, el Ministerio de Justicia de Italia tiene la potestad de librar una orden de captura en su contra. Sin embargo, la Constitución brasilera prohíbe la extradición de nacionales, por lo que Mato podría resguardarse en esa normativa para evitar su traslado a Italia, algo que podría ser debatible, ya que los crímenes que se le imputan fueron anteriores a su naturalización (véase «Represor naturalizado», Brecha, 10-I-14). Una de las opciones es que Italia solicite la ejecución de la condena en Brasil, país reticente a juzgar los crímenes de la dictadura.

Mato también enfrenta un proceso en la Justicia uruguaya. En 2013, fue citado a declarar en el marco de la indagatoria penal por el crimen de Luis Batalla, en 1972, pero no se presentó, por lo que se libró una captura internacional que nunca se cumplió. Seis años después, el fiscal Ricardo Perciballe reiteró el pedido de captura, que aún está vigente. Esa indagatoria permitió confirmar que, pese a su condición de prófugo, sigue cobrando sus haberes como militar retirado a través de una cuenta en el Banco República (véase «Vivo, y de vivo», Brecha, 6-IX-19).

Sin embargo, un aspecto sustantivo del fallo del tribunal italiano es que los represores fueron condenados a resarcir económicamente a las víctimas y al Estado uruguayo por los daños producidos por sus crímenes. Este fue uno de los reclamos presentados por el Estado en su recurso de casación ante los tribunales italianos, durante la gestión del exsecretario de Presidencia Miguel Ángel Toma.

La condena dictada por el Tribunal de Casación italiano –a la que accedió Brecha– confirma la condena civil: «Anúlese sin aplazamiento la sentencia recurrida únicamente para efectos civiles contra Tróccoli y Larcebeau, en relación con la sentencia a favor de la parte civil de la República Oriental del Uruguay, la indemnización solidaria de daños, la cual ordena, remitiendo la liquidación al juzgado civil competente en relación con las víctimas ítalo-uruguayas».

 

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