Archivos de la dictadura.

Archivos: Información que no se conoce

archivos001Caiga quién caiga hay que abrir los archivos de la dictadura

PAULA BARQUET / GONZALO TERRA

La oficina está conformada por varias salas pequeñas, y tres de ellas contienen buena parte de la historia de la dictadura. Conforman el “archivo de la secretaría”, una figura que se creó en 2011 y recién ahora se está terminando de saber qué contiene.

La primera sala está destinada al ingreso de nueva documentación. Allí, donde el aire acondicionado sale frío, hay varias cajas en el piso y decenas de carpetas de cartón sobre una mesita. Está trancada con llave. Una segunda sala se dedica al tratamiento documental. “Denuncias”, “Testimonios”, “Legajos”, anuncian las etiquetas en cajas y carpetas organizadas en estantes. Tres archivólogos, que conocen en profundidad el contenido, sacan, miran, guardan. Uno de ellos transcribe a la computadora el legajo de un militar. Dicen que es un trabajo “lindo”, pero aclaran que “la descripción técnica de la tortura no es para cualquiera”. La tercera sala es el depósito. Lo que hay allí ya fue leído, procesado e incorporado a la historia oficial. Buena parte de las carpetas tienen la sigla LDD: legajo de desaparecido.

El principal logro de Isabel Wschebor en los siete meses que lleva a cargo de esa secretaría fue realizar un inventario de toda la documentación que hay allí. Una parte todavía se usa a nivel administrativo y judicial; otra parte ya no. Wschebor, una historiadora con formación en archivos, se propuso “poner la casa en orden” y “generar un sistema para que no se vuelva a desordenar”. Hoy dice sonriente que “la casa está empezando a estar ordenada”.

Sin embargo, todavía no tiene claro qué porcentaje de la documentación sobre la dictadura está allí, en su archivo, y qué tanto está fuera. Lo que se sabe es que hasta el momento han aparecido 24 archivos, 11 de ellos estatales. Parte de la información reside en el Archivo General de la Nación, parte en el Ministerio del Interior, otro tanto en el de Relaciones Exteriores, y así por decenas. Wschebor ha procurado tener copias de varios de ellos.

En estos 10 años de búsqueda de información sobre desaparecidos, los documentos encontrados han sido millones, la forma de procesarlos ha sido más bien artesanal, y las personas involucradas en ese trabajo han variado. ¿Con qué criterio? Con el de quien ha descubierto el archivo.

Sucedió, por ejemplo, cuando en febrero de 2006 la ministra Azucena Berruti encontró, en base a una denuncia anónima, 1.140 microfilmaciones de la Inteligencia militar en el exCGIOR, una escuela de contra inteligencia. En ese entonces, la ministra Berrutti acudió al lugar y lacró la habitación en la que aparecieron los materiales. Se negó a abrir los archivos y puso a dos personas de su confianza a trabajar en la digitalización de la información. Las personas eran María del Carmen Martínez (integrante de Familiares de Desaparecidos y detenida en el centro clandestino Orletti) y Jorge Tiscornia, un ex tupamaro que estuvo preso en el Penal de Libertad entre 1972 y 1985, conocido por haber escrito “el almanaque más grande del mundo” durante su reclusión.

Berruti los nombró por designación directa, sin concurso previo y a través de un contrato de obra por dos años. La oposición sacó chispas por este tema. El Partido Nacional reclamó tener representantes o veedores independientes, pero no tuvo eco. Berruti argumentaba que había muchas mentiras en las microfilmaciones, por lo que la tarea era solo para entendidos.

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