En el 40 aniversario del 20 de mayo de 1976 (4)

Los asesinos ”importados” para la represión en Uruguay

Por Carlos Santiago (*)

asesios

Qué difícil aparece la convivencia en el Uruguay en donde todo es objeto de controversia, de acusaciones, violentándose el adecuado relacionamiento de las personas que empantanan las investigaciones y convierten a los hechos manejados por unos en elementos aislados., siendo el centro de la repulsa de los otros.

“Los mercenarios nunca mueren.

Van al infierno para reagruparse”

Esto viene al caso luego que en la Argentina se fallara en el juicio oral, en el Tribunal Oral Federal 5, al extraditado coronel Cordero, acusado de torturas, asesinatos y la desaparición de personas. También hace pocas semanas nos hemos enfrascado en analizar en profundidad los argumentos hechos públicos por una y otra parta en torno a las responsabilidades en los asesinatos de los políticos Zelmar Michelini atendiendo a las declaraciones de algunos familiares que agregaron al cúmulo de pruebas y versiones otra: quienes estuvieron tras el asesinato de Zelmar en Buenos Aires, seguramente, son los mismos que lo hicieron con Trabal en París. El hecho concreto reciente fue que el dictador Juan María Bordaberry fue sentenciado a 30 años de cárcel por “no haber desconocido” la concreción de los crímenes.

Más allá que en algún caso se pueda inferir que entre las versiones existen también las que tienden a “alivianar” la responsabilidad de los golpistas uruguayos en esos hechos, producto de típicas campañas que utilizando una “falsa objetividad” manejan a su libre albedrío declaraciones y afirmaciones entrecomilladas con ese objetivo.

Esa versión, como no podía ser de otra manera, puede detonar pasiones encontradas nada contribuyen, si no se investigan, a la verdad histórica, porque llevan al centro de la atención interpretaciones de la represión y los asesinatos de la dictadura, que solo tratan de llevar agua para un molino u otro.

El periodista Roger Rodríguez, uno de los investigadores que ha dedicado su vida a esclarecer estos hechos, ha llegado a la conclusión de que uno de los “secretos” mejor guardados por los represores es el asesinato en masa de decenas de militantes del PVP, apresados en Buenos Aires y transportados a Uruguay en el llamado “tercer vuelo de la muerte” Pero la vos de Roger suena sola en un mar de versiones y conjeturas.

Sobre el punto, parece evidente, que existe un problema vedado. Nadie nunca negó que la banda del “Jovato” Aníbal Gordon no sólo perpetró en la Argentina el secuestro y la tortura de unos 300 exiliados chilenos, uruguayos y bolivianos, sino también se dedicó a desvalijar sus domicilios y montar verdaderas estafas extorsivas negociando supuestas libertades a cambio de dinero.

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