Reseña de un libro sobre los hechos del 20 de mayo 1976

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Ruiz, Marisa (2006). La piedra en el zapato. Amnistía y la dictadura uruguaya. La acción de Amnistía Internacional en los sucesos del 20 de mayo de 1976 en Buenos Aires, Argentina, Montevideo, Universidad de la República, 247 págs.

Buenos Aires, 20 de mayo de 1976 – Montevideo, 17 de noviembre de 2006.

 Cuando comenzaba a ordenar las notas producto de la lectura de esta obra, un hecho sin precedentes sacude a mi país: a 30 años de uno de los episodios más trágicos del pasado reciente uruguayo, el juez Roberto Timbal dicta auto de procesamiento con prisión para dos de los civiles que ocuparon los mayores cargos en la última dictadura cívico- militar: Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco. El primero, como presidente constitucional en ejercicio en 1973, protagonizó la disolución del Parlamento el 27 de junio de ese mismo año, tras lo cual se constituyó en dictador civil hasta que en junio de 1976 fue finalmente desplazado por los militares.

El segundo, ocupó la Cancillería de la República durante esos mismos años. La acusación: coautoría en cuatro delitos de homicidio muy especialmente agravados. Para llegar a esta instancia, fue preciso que muchas cosas cambiaran en Uruguay, en un proceso que conoce décadas de luchas, frustraciones y dignísimos empeños. Mirtha Guianze, a cargo del caso, fue la primera fiscal que aplicó en Uruguay la doctrina internacional de los derechos humanos, pregonando en las sedes penales que no era necesario apretar el gatillo, ni siquiera dar la orden de matar, porque también desde el aparato organizado del poder es posible asesinar.      

Transcurrieron tres largas décadas desde aquel 20 de mayo de 1976 en que los cuerpos de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz aparecieron, junto a los de los militantes tupamaros Rosario Barredo y William Whitelaw, en un auto abandonado en una calle de Buenos Aires.       Ni el gobierno uruguayo ni el argentino tomaron medidas para aclarar el suceso; por el contrario, hicieron esfuerzos por ocultarlo, como también lo hizo el gobierno de los Estados Unidos.      Por esa misma época, Amnistía Internacional llevaba adelante una campaña mundial contra la tortura desatada en Uruguay, la primera campaña centrada en un país en particular, y sus grupos locales apadrinaban a cientos de uruguayos y uruguayas encarcelados.      Es precisamente por estos dos carriles que trascurre la documentada investigación de Marisa Ruiz, cuyo objetivo es poner en conocimiento y analizar el papel desempeñado por Amnistía Internacional frente a las denuncias de las violaciones de los derechos humanos llevadas a cabo durante la dictadura uruguaya (1973-1985) y, en particular, la participación de dicha organización en la compleja coyuntura que rodeó a los asesinatos antes mencionados.      

Como se desprende del episodio referido al comienzo, es imposible ignorar el contexto en el cual es publicada La piedra…, aunque esta obra haya aparecido con anterioridad al fallo judicial aludido, que encuentra a la sociedad uruguaya en pleno y agitado proceso de reconstrucción de la memoria histórica del pasado reciente, lo que, sin lugar a dudas, potencia el valor y la oportunidad de esta investigación.      Los enfoques de la dictadura elaborados en Uruguay hasta hace pocos años difícilmente escapaban al estudio de lo político-estatal y se revelaba más problemática la incorporación de nuevas perspectivas.

En tal sentido, la obra de Ruiz constituye un genuino aporte en el rescate del protagonismo de ciertos actores que fueron fundamentales, y que, demasiado a menudo, han tendido a ser subestimados por la investigación histórica.      La autora, historiadora y activa militante por los derechos humanos, aborda su objeto de estudio sin soslayar esta doble pertenencia: “Mi inserción en la sección uruguaya de Amnistía Internacional me ayudó a conocer por dentro esta institución, con los claroscuros de las realidades concomitantes con los ideales…”, afirma desde el comienzo (Ruiz, 2006: 10).      

El libro está organizado en cinco capítulos. En el primero de ellos, la autora sintetiza el surgimiento y la consolidación de las organizaciones integrantes del sistema de las Naciones Unidas, tanto a nivel mundial como regional, plataforma ineludible para comprender la conformación de una verdadera “red mundial de activistas de derechos humanos”. Su preocupación central es mostrar las repercusiones de las denuncias del caso uruguayo en esos organismos. Asimismo, dedica un apartado a presentar someramente las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, para luego centrarse en las principales características de Amnistía Internacional -fundada en Londres en 1961- examinando sus objetivos, organización y metodología.      

Ruiz se detiene especialmente en la relación que la institución estableció con Uruguay hasta el parteaguas de 1976, período en que se destaca la misión que, en conjunto con la Comisión Internacional de Juristas, llegó a Montevideo en abril de 1974 para recabar in situ abundantes pruebas de torturas y malos tratos en las prisiones del régimen, así como de diversas irregularidades en los procedimientos de la justicia militar. Como era de esperarse, las sugerencias aportadas en el informe final de esta misión fueron desestimadas por el régimen uruguayo.      

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