Argentina: testimonio sobre el ESMA

SWAT era la serie del momento, dice. “En séptimo grado, teníamos un aula muy angosta y Berenice se iba del lado de afuera del grado. Entonces, todas nosotras empezábamos a cantar la musiquita de la película, pan para pan, y ella daba un golpe en la puerta, se tiraba al piso y entraba rodando haciendo la imitación de cómo empezaba a la serie.”

Era una escuela pública, Liceo de Señoritas Amancio Alcorta, en Caballito. Andrea y Berenice eran mejores amigas. Empezaron la primaria en 1971. En tercero o cuarto grado, Berenice se fue dos años a Estados Unidos a acompañar a su padre a hacer un curso de formación que ella hoy cree que era un programa en doctrinas represivas. Iban a patinar a Palermo. Y como Berenice tenía “tres o cuatro” hermanos varones, una amiga mujer era muy bienvenida a su casa. El padre “agasajaba” a las amigas al invitarlas a pasar una tarde en la Fragata Sarmiento. Y Andrea cree que estuvo más de una vez en la ESMA. Ese lugar, dice, era el lugar en el que vivía Chamorro. Un lugar “donde él se había mudado supuestamente por razones de trabajo”. De otras veces que estuvo no se acuerda, sólo se acuerda de esa vez, la de la ventana. Cree que pudo haber sido un sábado o domingo y que estaba fresco porque su madre insistió con el asunto del saquito.

Hay otras escenas de la casa. La proyección de una película en superocho, las cocas de vidrio de las que hablan los sobrevivientes de Capucha, y el paso más libre de Berenice hacia los cuartos. Ella abrió el armario de la pieza del padre, levantó una almohada de la cama y abrió el cajón de la mesa de luz. “Si me preguntás, hoy no puedo evitar una interpretación de que a lo mejor todo eso para ella era tan fuerte que tenía que dejarlo drenar por algún lado y con alguien tenía que compartirlo. Pero en ese momento para mí era más fuerte registrar lo que me pasaba a mí que registrarla a ella. Era la primera vez que alguien me mostraba un arma.”

Berenice falleció. Ella dejó de verla durante el secundario, cuando los padres se llevaron a su amiga a Sudáfrica. “Cuando una vez, en el secundario, volví a verla, yo sentí que ella no estaba ahí, que era como una especie de momia. Estaba bastante desconectada. Como un fantasma. Nunca fue la chica que se fue. Imagino que eso sucedió poco antes de que yo empiece a atar cabos, en medio de una familia, que también se decía a-política y que yo creo que tampoco sabía nada.”

Andrea supo a través de una amiga que su testimonio quedó incorporado al Nunca Más. Y supo a través de un profesor de su hijo Nicoló que su historia aún era recordada en las visitas a la ex ESMA. “Ahora recién estoy intentando acostumbrarme a que me agradezcan, pero todavía me cuesta. Yo digo que hice simplemente lo correcto. El problema lo tiene, en todo caso, el resto del mundo que no hizo nada.”

 

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