Quema de documentos y Juicio en Roma

En la sucesión de hechos, aproximadamente una semana después de la quema, oficiales de la unidad reclamaron a los funcionarios del Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia (Gtvj), encargados de la digitalización de la documentación del archivo Fusna, la entrega de las carpetas referidas al capitán de navío Tróccoli, que estaban en préstamo en la oficina de trabajo para el procesamiento de la información. Dichas carpetas contenían la documentación sobre Tróccoli que el abogado Andrea Speranzoni (que representó a los familiares de las víctimas en la etapa de apelación, y al Estado uruguayo en la parte civil) utilizó en la apelación en Roma y había obtenido en 2018 durante su visita al país en busca de pruebas.

Finalmente, el 19 de junio, esa oficina, donde trabaja el personal del Gtvj en el edificio de la Armada, fue objeto de una requisa o allanamiento por parte de los oficiales, que no comprobó ninguna irregularidad, según explicó un jerarca, aunque no se sabe qué era lo que se buscaba. La denuncia que recibió Bayardi contiene todos los detalles de los acontecimientos. En una conversación telefónica, el ministro informó a Brecha: “No bien recibí la comunicación por parte de Michelini (Felipe, coordinador del Gtvj), ordené una investigación de urgencia. A las 72 horas recibí un primer informe y solicité una ampliación. El resultado de esa investigación será entregada mañana (por ayer, jueves) al doctor Michelini”. Sobre las implicancias de los hechos denunciados, el ministro dijo a este semanario que las explicaciones contenidas en los informes “son razonables”, aunque no dio detalles.

Pueden existir explicaciones varias a propósito del interés mostrado por los jerarcas del Estado Mayor de la Armada sobre la documentación referida a Tróccoli, precisamente en momentos en que se ponía en marcha la fase final del juicio apelatorio en Roma. De hecho, la documentación que obtuvo el abogado Speranzoni en el Fusna tuvo precisamente valor probatorio, como explicó el secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma (véase recuadro), porque fueron debidamente autenticados y protocolizados.

Muchos de esos documentos ya eran conocidos y otros fueron producto del trabajo que realizaron los funcionarios del Gtvj en el archivo del Fusna. Por ejemplo, Brecha difundió el 6 de setiembre de 2018 las calificaciones de oficiales de la Armada Argentina sobre el desempeño de Tróccoli en operaciones de inteligencia realizadas en Argentina, calificaciones que fueron incorporadas al legajo del capitán de navío. Ese legajo estaba incorporado al expediente judicial que implicaba a Tróccoli en sesiones de tortura contra prisioneros entre 1976 y 1977, pero la documentación fue rechazada por el tribunal de Roma, porque el abogado Fabio Galiani, contratado por el entonces canciller Luis Almagro, no protocolizó los documentos y tampoco les dio la debida importancia.

El legajo de Tróccoli consigna en la foja 106A: “Apoyado en claros principios y en muy buenos conocimientos doctrinario ideológicos del enemigo, (Tróccoli) desarrolló con marcado acierto tareas en el área de inteligencia y de operaciones de inteligencia. (Copia textual de los conceptos vertidos por el capitán de corbeta D’Imperio)”. Luis D’Imperio fue, junto con Alfredo Astiz y Jorge “Tigre” Acosta, responsable del grupo de Tareas en la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada (Esma). También fue responsable de miles de torturados, desaparecidos y asesinados, principalmente Montoneros, y con el alias Abdala (como consta en un recibo ubicado en los Archivo del Terror de Paraguay) fue el piloto del avión de la Armada argentina que trasladó desde Asunción a Buenos Aires a los desaparecidos uruguayos Nelson Santana y Gustavo Inzaurralde.

Ese relacionamiento con oficiales de la Esma, desde 1976 hasta 1979, facilitó a Tróccoli los criterios para la instalación en el Fusna de La Computadora, una estructura que, a semejanza de La Pecera, de la Esma, utilizaba prisioneros colaboradores para analizar la veracidad de la información de otros prisioneros, arrancada bajo tortura. Uno de esos colaboradores admitió haber almorzado con Tróccoli y oficiales argentinos en el casino de la Esma. Pero esta información, contenida en los informes entregados por la Armada al presidente Tabaré Vázquez en 2005, tampoco fue utilizada por el abogado Galiani en el juicio de Roma.

En cambio, el abogado Speranzoni explotó con acierto la documentación que obtuvo en el Fusna y la Esma. Esos documentos no sólo confirman la presencia de Tróccoli en la Esma y su relacionamiento con terroristas de Estado argentinos, sino que también, fundamentalmente, implican una confesión de Tróccoli de que el Fusna realizó operativos en Argentina.

Uno de los documentos presentados por Speranzoni a la Corte (y que Brecha obtuvo en Roma de fuentes vinculadas a la apelación) es un manuscrito en el que hace una evaluación del capitán de fragata Astiz, conocido como “el ángel rubio de la muerte”, quien, infiltrado, les daba un beso en la mejilla a aquellas madres de Plaza de Mayo para señalarlas como blanco de la represión de sus compañeros de la Esma. Tróccoli, quien aseguraba conocerlo íntimamente, evaluó a Astiz cuando este fue hecho prisionero del ejército británico en las islas Georgia durante la Guerra de las Malvinas. “Lo conozco perfectamente –escribió Tróccoli–. No creo que pueda decir algo que pueda afectarnos demasiado.” El temor de los jefes del Fusna estaba justificado: “Por su trayectoria, antigüedad en la Esma y grado de confianza que se le tiene (fue uno de los condecorados por su actuación en la lucha contra subversiva), estuvo al tanto de todas las operaciones de la Esma, ya sea por haber participado o porque se lo comentaban”. Y lo más importante: “Conoce las operaciones nuestras allá (en Argentina) y las de ellos acá (en Uruguay), aunque creo que aquí no operó”. Tróccoli arriesga una opinión: “Por su forma de ser, lo más probable es que no hable nada, o bien que los desinforme y les haga dar (a los británicos) un paso en falso”.

El texto confirma algunos extremos: Tróccoli conocía las intimidades de la Esma porque había operado allí durante el año que permaneció en Argentina. El temor de que, con la captura de Astiz, se filtrara información sobre las operaciones conjuntas tenía que ver con la responsabilidad de los oficiales del Fusna en la captura y la desaparición de militantes de los Gau, del Mln y del Pcr capturados en las redadas iniciadas a fines de diciembre de 1977, en Buenos Aires y en la provincia, que se prolongaron hasta mediados de 1978. Con estas confesiones resultan aun más frágiles las explicaciones del comandante de la Armada en su informe entregado al presidente Vázquez sobre la existencia, en el Fusna, de interrogatorios a algunos de esos desaparecidos. El contralmirante Tabaré Daners, que firmó el informe, había sido jefe directo de Tróccoli en 1977 y 1978 y, según un portero de un edificio en Buenos Aires, que testificó en el juicio de Roma, estaba presente en el allanamiento en el que fue detenido uno de los desaparecidos. Pero nada de esto logró mover los engranajes de la justicia uruguaya.

La sentencia de Roma

Páginas: First | ← Previous | 1 |2 | 3 | Next → | Last

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.