Jubilados militares en el exterior

 LA JUBILACIÓN EN EL EXTERIOR DE TERRORISTAS DE ESTADO

Siempre se vuelve al primer amor

Samuel Blixen
28 agosto, 2020

En un universo de 1.600 militares retirados que cobran sus jubilaciones en el exterior se camuflan algunos terroristas de Estado que dieron su testimonio de vida en consulados uruguayos. En medio de una incomprensible impunidad que le permite eludir a Interpol, el coronel Pedro Mato volvió a asistir al consulado de Livramento.

Cuartel de Regimiento de Caballería de Rivera. sitiosdememoria.uy

Hace años que la cónsul honoraria de Uruguay en Santana do Livramento dedica parte de su gestión a prestar ayuda a militares acusados de graves delitos de lesa humanidad que permanecen prófugos de la Justicia. Su último prohijado es el coronel (r) Pedro Mato, condenado a cadena perpetua en Italia por los crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor; pero antes había ayudado al coronel Manuel Cordero, refugiado en Livramento, hasta que fue extraditado a Argentina, donde cumple condena.

Liselott Sarli Pose es hermana del coronel Wellington Sarli Pose, procesado en Chile por el asesinato del químico chileno Eugenio Berríos y colega de Cordero y Mato en las estructuras de la inteligencia militar. Invariablemente, la cónsul tramitaba los certificados de fe de vida que los militares retirados deben realizar en forma periódica para poder seguir cobrando sus jubilaciones. En teoría, Liselott Sarli debía comunicar inmediatamente a la Justicia uruguaya de la presencia de algún militar sobre el que pende una orden de captura internacional; está obligada por su condición de funcionaria pública –según los términos de la ley 19.268– y en el caso de los militares que tramitaron su fe de vida en Livramento, su condición de prófugos estaba profusamente denunciada, de modo que no había excusa.

El caso de Mato tiene visos de escándalo. Desde 2013, en que fugó de la Justicia uruguaya, cuando era inminente su procesamiento por el homicidio del militante frenteamplista Luis Batalla en 1972, Mato se radicó en Santana do Livramento y allí, en el consulado, tramitó desde entonces su certificado de existencia cada seis meses. El Servicio de Pensiones de las Fuerzas Armadas puntualmente depositaba la jubilación en una cuenta del BROU, que Mato hacía efectivo mediante su tarjeta de débito. En mayo del año pasado, por razones que se ignoran, Mato no solicitó la ayuda de la cónsul y realizó el trámite en el cuartel del Regimiento de Caballería de Rivera. No era la primera vez que cruzaba la frontera e ingresaba a Uruguay, donde teóricamente la Policía debía estar en alerta. De hecho, en el muro de Facebook de su compañera, Juliana de Sarro, permanecieron durante años fotos de reuniones bailables, cumpleaños y asados en Rivera a los que asistía Mato. La foto de un asado lo mostraba con el teniente coronel comandante de la Brigada de Caballería que le otorgó su fe de vida. Pese a sus movimientos públicamente registrados, la Interpol, que tiene dos pedidos de captura, uno de Uruguay y otro de Italia, ha sido ineficaz para ubicar al prófugo.

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