En el 40 aniversario del 20 de mayo de 1976 (4)

Más bien coincide con la historia de este grupo criminal que comenzó a conocerse por su actuación en Villa Constitución, cuando la empresa ACINDAR, de propiedad de Martínez de Hoz, resolvió pagar en dólares a estos señores para “deshacerse” de los “molestos” dirigentes del combativo sindicato que organizaba a los trabajadores de esa acería.

Las tropelías de esta banda, actuando siempre junto al poder y amparada por los organismos de seguridad, se extiende mucho tiempo atrás y siempre su objetivo – más allá del represivo – estuvo vinculado al beneficio económico, que venía por añadidura, de la acción criminal. Pero preguntarse ¿quién fue el que apretó el gatillo?, nos parece qué ello no reduce la responsabilidad de nadie y, mucho menos de los oficiales uruguayos asignados a ese campo represivo (Orletti), y menos aún de los dictadores que, en el marco de su política criminal, resolvieron utilizar el asesinato político como método para mantenerse en el poder de facto.

Porque, como ha dicho en su momento la doctora Eve Martínez Burle, el asesinato político no fue una método aislado de aplicación esporádica por parte de la dictadura uruguaya. Recordemos el caso de los vinos envenenados y, por supuesto, de los fusilamientos y las desapariciones de los militantes del PVP, que habrían llegado al país en los llamados “segundo y tercer vuelo de la muerte”

No son hechos fortuitos, no es que a un torturador “se le fue la mano”, sino la decisión de alguien de adoptar una medida concreta cegando la vida de un ser humano por razones aparentemente políticas, traspasando en algunos casos los muros del Batallón Florida, para hacer desaparecer algunos cadáveres en los cementerios vecinos. Podríamos analizar lo ocurrido, también, en el caso del coronel Trabal, hecho que todavía parece oculto bajo las siete llaves del misterio.

Pero existe un hecho sobre el que se ha trabajado poco e investigado menos. Es la acción de Aníbal Gordón en Uruguay, luego de que tuviera que “emigrar” desde Buenos Aires, al excederse siendo el responsable del asesinato de un familiar del capitoste, también violador de los derechos humanos y responsable de la operación “Cóndor” en la Argentina, general Carlos Guillermo Suarez Masson, lo qué determinó el “ocaso” de Gordon.

Por ello importa ese “contrato” que comenzó a cumplir en Uruguay al poco tiempo: ¿Quién fue el responsable del mismo? ¿Cómo esta banda asesina, junto con algunos militares uruguayos, tenían vía libre para sus tropelías? ¿Qué acciones se le deberían adjudicar a esta “banda” asesina que actuaba en el marco de las fuerzas conjuntas?

¿No habrá llegado la hora de analizar el relacionamiento de nuestro Ejército con esta banda, en Automotores Orletti? Y, ¿quién contrató a los esbirros para actuar en Uruguay?

Al pasar recordemos que el jefe de la banda, el propio Aníbal Gordon, en una demostración de hasta que punto llegó el relacionamiento con los militares uruguayos, que oficio como padrino de bodas en el enlace del ex coronel, pasado a reforma y procesado, Gilberto Vázquez. ¿No es hora de interrogarlo sobre el tema?

Y saber, en definitiva, quién contrató al asesino para actuar en la represión. ¿Gregorio Álvarez no sabrá algo al respecto?

– Carlos Santiago es periodista.

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