Pedro Bordaberry y sus “equívocas acciones”

El “móvil de la guita” es funcional a la impunidad. Sólo así puede sostenerse la especie de que ningún uruguayo, ni gobernante civil, ni militar, estuvo implicado en los asesinatos; y por extensión, si no hubo motivos políticos, entonces Bordaberry y Juan Carlos Blanco no tuvieron nada que ver en una operación realizada, al parecer, por mafias paramilitares argentinas.

Aunque se asegura que este operativo de inteligencia no cambiaría el curso de las investigaciones judiciales, puede comprenderse el afán de Bordaberry hijo por ayudar a su padre, pese a que el intento sea tan traído de los pelos. Lo extraño es que el secretario de la Presidencia permitiera que la afirmación siguiera transitando hasta montar el show televisivo con las grabaciones clandestinas.

Para desmontar el móvil político será necesario más que una grabación; serán necesarias pruebas contundentes que el secretario deberá inevitablemente aportar si es que no se inclina por desmentir su propia afirmación.

Además de la grosería del montaje televisivo, el episodio ya deja en evidencia al propio gobierno. Uno de los objetivos está a punto de ser alcanzado: generar problemas internos en la Presidencia. Otro, convencer a la población de la inocencia del ex dictador, ya fracasó. El tercero, influir en la justicia, se sabrá pronto qué resultados tuvo, aunque cabe esperar que también fracase.

Ayudamemoria para Pedro

  • “Defiendo el rigor y la exigencia en los interrogatorios.” Esta fue la frase medular que el dictador Juan María Bordaberry escribió en 1975 en respuesta a la carta que le había enviado el profesor canadiense Kenneth Golby pidiéndole que ordenara el cese de la tortura y los malos tratos a los presos políticos uruguayos. Golby escribió esa carta motivado por las denuncias que, desde el Tribunal Russell, en Roma, y después desde Buenos Aires –cuando ya las autoridades de la dictadura no lo dejaban salir de Argentina– había difundido por todo el mundo Zelmar Michelini y que el propio Bordaberry, en su respuesta, no hizo más que confirmar.
  • Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz fueron secuestrados el 18 de mayo de 1976 y hasta que dos días después aparecieron sus cadáveres, nada se supo de ellos. Hubo gestiones de autoridades de todo el mundo reclamando la aparición con vida de ambos legisladores. Bordaberry no sólo no se solidarizó con los familiares de las víctimas después del 20 de mayo ni condenó los asesinatos, sino que durante esos dos días no hizo gestión alguna y guardó el más absoluto de los silencios.
  • El 30 de setiembre de 1974 fue asesinado en Buenos Aires el general Carlos Prats, que había sido comandante en jefe del Ejército en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. En 1976, el mismo año que Michelini y Gutiérrez Ruiz, fue asesinado el ex presidente boliviano Juan José Torres. En los mismos días que Michelini y Gutiérrez Ruiz, fue secuestrado en la capital argentina el médico uruguayo Manuel Liberoff, que sigue desaparecido. Wilson Ferreira Aldunate apenas pudo escapar a los mismos asesinos de Michelini y Gutiérrez Ruiz y logró asilarse en la embajada de Austria. Parece bastante improbable que todos ellos tuviesen en su poder el oro de los Mailhos u otros fondos de los tupamaros. Además de los testimonios que ha habido sobre cada uno de esos casos y las investigaciones realizadas, es mucho más verosímil pensar que sin la intervención de la dictadura de Jorge Rafael Videla y de las de Chile, Bolivia y Uruguay esos crímenes no hubieran ocurrido.

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